El Niño extremo - cuidar la salud antes de que llegue la emergencia
- 29/08/2026 00:00
Cuando pensamos en un fenómeno de El Niño extremadamente fuerte, solemos imaginar meses de calor intenso, ríos con menos agua y una temporada seca más difícil en los meses de noviembre 2026 a mayo del 2027. Los efectos pueden también sentirse en algo mucho más cercano, como es nuestra salud.
La OPS y la OMM advirtieron en el mes de agosto, que El Niño podría evolucionar hacia un evento muy fuerte durante los próximos meses, presentando temperaturas superiores a lo normal y el riesgo de sequías en algunas partes de América Central. En Panamá, prepararnos para ese escenario también significa anticipar sus consecuencias sanitarias.
El calor extremo, representa uno de los riesgos inminente. La permanencia prolongada bajo condiciones climáticas de temperaturas elevadas puede derivar en deshidratación, agotamiento físico, estrés térmico y golpes de calor. Debido a su gravedad, la OMS cataloga este cuadro clínico como una emergencia médica, afectando con mayor severidad a poblaciones de riesgo como infantes, adultos mayores y pacientes con afecciones crónicas. También a los trabajan diariamente bajo el sol (pescadores, pasabarcos del Canal, mensajeros, constructores, jardineros y agricultores).
La falta prolongada de lluvia puede favorecer incendios forestales y de paja canalera. El humo que se produce no siempre queda cercano al fuego, se desplaza hacia comunidades y ciudades, deteriorando la calidad del aire agravando las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
La sequía plantea otro problema cotidiano, que es disponer de agua segura. Si los caudales de los ríos disminuyen o bajan los niveles de los pozos, algunas comunidades pueden tener mayores dificultades para abastecerse. El recurrir a fuentes contaminadas aumenta el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua (diarreas, parasitosis, hongos, entre otras).
El problema también puede llegar a la mesa familiar. El tener una mala cosecha es para el productor pérdidas, lo que significa menos empleo en las áreas rurales, así como, una menor disponibilidad de ciertos alimentos. Para los hogares con menos recursos, esto puede traducirse en una alimentación insuficiente, lo que trae el riesgo de desnutrición infantil.
Por otro lado, hay que prestar atención a vectores (mosquitos), roedores y animales venenosos. Los cambios en los patrones de temperatura y lluvias alcanzan a modificar las condiciones que favorecen enfermedades como el dengue y el hantavirus. También está la necesidad de prevenir las picaduras de arañas, alacranes o escorpiones y las mordeduras de serpientes.
Mucho puede hacerse antes de que estos problemas lleguen a una sala de urgencias. A fin de evitar las horas pico de calor, las empresas pueden mitigar el estrés térmico mediante la flexibilización de jornadas, el suministro de agua potable y la habilitación de zonas de sombra. Asimismo, capacitar al personal para identificar los síntomas de alerta y definir protocolos claros de respuesta ante emergencias.
El sector público debe fortalecer la vigilancia epidemiológica, las alertas tempranas, el control de vectores y roedores, y el acceso a agua potable. Además, es prioritario reforzar la prevención de incendios, la atención primaria y el apoyo nutricional en las comunidades más vulnerables.
Prevenir también tiene sentido económico. Más enfermedades significan más ausencias laborales, menor productividad, mayores gastos médicos, pérdidas agrícolas, interrupciones en las empresas y mayor presión sobre hospitales y presupuestos públicos.
Un El Niño extremo puede poner a prueba al país, pero muchos de sus efectos sobre la salud pueden reducirse con decisiones tomadas a tiempo. Proteger a quienes trabajan bajo el sol, asegurar agua segura y fortalecer la prevención son medidas concretas que pueden evitar que una situación difícil termine convirtiéndose en una emergencia mayor.