El Niño extremo ¡del calentamiento del Pacífico a sus impactos en Panamá!
- 12/09/2026 00:00
El Niño 2026–2027 está entrando en una categoría poco común. La OMM, prevé que el promedio de la anomalía térmica de El Niño (que es 3.4°C), alcance alrededor de 3.6 °C entre noviembre y diciembre, se ha consolidado firmemente y seguirá intensificándose de forma constante hasta alcanzar una categoría de intensidad nunca registrada. Es la primera vez que los modelos climáticos globales muestran un consenso tan absoluto y categórico.
Este episodio de El Niño se está alimentando de condiciones oceánicas excepcionalmente cálidas en el Pacífico tropical, potenciando los efectos acumulados del calentamiento global. La magnitud de este evento elevará drásticamente riesgos climáticos de sequías extremas y prologadas en Centroamérica y Panamá, y otras regiones; en otras regiones, inundaciones graves, y en todas, olas de calor.
Un El Niño intenso cambia la circulación del Pacífico. El debilitamiento de los vientos alisios profundiza la termoclina en el este y reduce el acceso de aguas frías y ricas en nutrientes a la superficie. Cuando disminuye esa afloración, cae la productividad del fitoplancton y se altera toda la cadena alimentaria marina. FAO ha documentado que episodios anteriores desplazaron especies, redujeron la disponibilidad de anchoveta y afectaron pesquerías del Pacífico oriental.
El calentamiento también incrementa el riesgo de blanqueamiento de corales y puede deteriorar praderas de pastos marinos y bosques de kelp. Estos ecosistemas ofrecen hábitat, protección costera y almacenamiento de carbono. Su degradación puede traducirse en menores capturas, ingresos más inestables y pérdida de alimentos para comunidades costeras.
En el Pacífico americano, esas alteraciones pueden sentirse desde las pesquerías hasta los mercados urbanos. Menores desembarques o cambios en la distribución de especies afectan precios, empleo y nutrición, mientras el deterioro de arrecifes y pastos marinos reduce protección frente al oleaje. La magnitud local dependerá de la duración del calentamiento, las lluvias y la respuesta de cada ecosistema costero.
En Panamá, el impacto adquiere una dimensión inmediata. El IMHPA prevé predominio de déficit de lluvias entre julio y octubre de 2026, con reducciones de hasta 55 % en determinadas zonas, este escenario tendera a agravarse a mediados de noviembre y diciembre, se prevé que la temporada seca podría adelantarse a mediados de noviembre, cortando de manera prematura las lluvias y extenderse hasta mayo del 2027.
Un porcentaje de reducción de lluvias aún más severo impacta a las cuencas hidrográficas y a la disponibilidad de agua del país, al reducirse los caudales se concentran los contaminantes en los ríos y en sus descargas en la costa, afectando a los ecosistemas marino- costeros, la pesca, al turismo azul que incluye turismo de playa y turismo náutico.
Menos lluvia y sequía extrema presionarán los ecosistemas, el abastecimiento de agua para la población, la agricultura y ganadería, la generación hidroeléctrica y la navegación por el Canal de Panamá. Además, en los ríos en la vertiente pacifico que sirven de vías de comunicación y transporte especialmente en el Darién.
El desafío trasciende este episodio. El IPCC advierte que sobrepasar 1.5 °C durante más tiempo aumenta riesgos e impactos irreversibles. La respuesta requiere recortes rápidos y sostenidos de emisiones de CO2, incluido metano. En paralelo, adaptación, alertas tempranas, gestión del agua, salud pública y protección costera deben acelerarse. El Niño 2026–2027 importa ahora porque sus señales ya están presentes y porque las decisiones tomadas antes del máximo previsto (noviembre- diciembre) determinarán cuántas perdidas y daños pueden evitarse.