El notable auge de la cuentística femenina en Panamá

  • 16/10/2026 00:00

La literatura panameña ha tenido un enorme auge a su favor en los últimos 25 años. Todos los géneros han crecido notablemente en cantidad y calidad, sin duda alguna. Tanto la cuentística, la poesía y la escritura de ensayos, como la novelística y la dramaturgia, si bien esta última bastante menos que los demás. Sin duda a ello han contribuido simultáneamente diversos factores.

Resulta imprescindible tomar en consideración, por un lado, el auge tanto de viejos como de novedosos certámenes literarios, sobre todo los de la Universidad Tecnológica de Panamá todos los años, así como su descollante “Diplomado en Creación Literaria” que bimestralmente viene propiciando ese siempre activo centro de estudios superiores desde que se me ocurrió crear dichos estudios literarios en un ya lejano 2001.

Pero sin duda también han influido los cursos literarios PROFE que desde hace algunos años propicia -imitando a la UTP-el mismísimo Misterio de Cultura. También los talleres literarios que por su cuenta imparten, ya sea presencialmente o de forma virtual, determinadlos escritores de reconocido prestigio local.

A esto es importante agregar el hecho de que desde hace años han venido floreciendo en Panamá pequeñas editoriales creadas por algunos respetados escritores; los más notorios debido a su permanente actividad en la publicación de obras en diversos géneros, pero sobre todo en cuento y poesía.

Pienso en Calos Oriel Wynter Melo, Salvadlor Medina Barahona, Silvia Fenández-Risco, Aura Sibila Benjamín, Marco Ponce Adroger a dúo con su esposa Ela Urriola, y por supuesto mi persona, que fui el primero en crear en México en 1982, una pequeña empresa denominada Editorial Signos, luego trasladada al año siguiente a nuestro país.

En esa pequeña editorial tuve el placer de publicar ese año en la capital azteca sendos poemarios de los poetas panameños Diana Morán y José Manuel Bayard Lerma, entre otros revolucionarios panameños que fueron exiliados en la primera etapa represiva del recién estrenado régimen de Omar Torrijos, quien años más tarde, bajo el influjo del destacado poeta y dramaturgo José de Jesús Martínez (Chuchú), habría de cambiar ideológicamente hacia el centro.

Esos libros que les publiqué en mi naciente editorial fueron: “Reflexiones junto a tu piel”, de Diana Morán y “Los días del incendio”, de José Manuel Bayard Lerma, respectivamente, ambos en 1982. También fui autorizado en esa época por Rogelio Sinán desde Panamá, para que ese mismo año le publicara su libro: “El candelabro de los malos ofidios y otros cuentos”, así como también una antología que en seguida me inventé: “Homenaje a Rogelio Sinán: Poesía y Cuento” (1982). Pasando el tiempo dicha editorial fue cambiando de nombre: Fundación Cultural Signos, 9Signos Grupo Editorial, hasta el actual Foro/taller Sagitario Ediciones.

Haciendo un poquito de historia, habría que señalar que el primer libro de cuentos escrito por una panameña fue “Terruñadas de lo chico”, de Graciela Rojas Sucre, publicado en Santiago de Chile en 1931. Tuvieron que pasar exactamente 31 años más, antes de que otra escritora nacional, Moravia Ochoa López (1939), publicara Yesca: Esta autora y Bertalicia Peralta, excelentes poetas ambas, dominaron modestamente la escena cuentística femenina en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado, y se constituyeron (sin duda sin proponérselo) en las fundadoras del cuento femenino panameño contemporáneo.

Después aparecen en el panorama de nuestras letras narradoras de ficción breve como Rosa María Britton, Consuelo Tomás, Giovanna Benedetti, Beatriz Valdés Escóferry e Isis Tejeira, con racimos de cuentos sobresalientes por innovadores en su densidad, compromiso social y humano, y por su maestría en el oficio escritural. Le siguieron autoras muy talentosas como Melanie Taylor Herrera, Lupita Quirós Athanasiadis, Isabel Herrera de Taylor, Alondra Badano, Amparo Márquez (seudónimo de Delia Cortés), Yolanda Hackshaw, Aida Judith González Castrellón y Marisín González, entre otras, quienes se distinguen por la variedad de temas y la destreza de sus técnicas narrativas. También, Érika Harris, con “La voz en la mano”, quien lamentablemente no ha vuelta a publicar.

Luego publicarían Marisín Reina, Digna Valderrama, Gina Paola Stanziola, Rosalba Morán Tejeira, Klenya Morales de Bárcenas, Marisín Villalaz de Arias, Lissete Lanuza Sáenz, Lili Mendoza, Isabel Burgos, Enithzabel Castrellón, Annabel Miguelena, Sonia Ehlers, Maritza López-Lasso, Lucy Cristina Chau, Ana Lucía Herrera, Maribel Wang González, Shantal Murillo, Cheri Lewis, Arabelle Jaramillo y Diana Mayora (a los 18 años, entonces, la más joven), todas ellas de edades y experiencias literarias muy diversas, pero con una clara y coherente visión de mundo cada quién, incluso en los casos en que el absurdo parece a veces tomarse la plaza de la realidad sobre la cual supuestamente escriben.

Y en esa época, la más reciente adquisición femenina en la cuentística nacional habría de ser brillantemente Danae Brugiati Boussounis, quien publicaría un excelente primer libro: “Pretextos para contarte”, y que después habría de dar a conocer otros cuentarios de excelente calidad.

Lo importante de este fenómeno cultural es no solo el desenfado en los enfoques temáticos y en el uso del lenguaje, sino la libertad absoluta con el que escriben todas estas mujeres, que han conquistado con claridad ese “cuarto propio” que exigía, para la dignidad de las escritoras de su tiempo, la insigne novelista inglesa Virginia Woolf; sino además la significativa variedad de registros temáticos y de procedimientos narrativos que cada una de ellas pasando el tiempo ha perfeccionado.

Y esto, a la par de un también importante número de sus colegas varones que, como ellas, cultivan con talento la escritura de cuentos, sin duda alguna punta de lanza de los géneros literarios breves en Panamá y en toda Centroamérica.