El océano en ebullición - la cuenta regresiva climática que no podemos ignorar para el sector pesquero
- 13/05/2026 00:00
El océano guarda en silencio una herencia ardiente. Según el informe “Estado del Clima Mundial 2025” de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el desequilibrio energético de la Tierra está atrapando calor en las profundidades marinas durante siglos. Los datos son contundentes: entre 2023 y 2025, la temperatura media global cerca de la superficie fue la más alta en 175 años de registros. El año 2024, superó el umbral de 1,5 °C respecto a la era preindustrial, y cada uno de los últimos ocho años ha batido récords de contenido de calor oceánico. El nivel del mar, medido por satélite, sube al doble de velocidad que al inicio de las mediciones.
Más del 90 % del exceso de calor generado por nuestras emisiones se almacena en los océanos. Y no solo en la superficie: este calor penetra cada vez más profundo, calentando aguas frías que lo retendrán por generaciones. Las consecuencias ya no son abstractas. Las olas de calor marinas se multiplican, alteran ecosistemas enteros y convierten tormentas, sequías o ciclones en eventos más intensos y recurrentes. El fenómeno de El Niño, que según NOAA, Copernicus y la OMM alcanzará su máximo entre octubre de 2026 y marzo de 2027, actuará como un acelerador de esta crisis.
Para los peces, el agua caliente es una sentencia. La reducción del oxígeno disuelto les provoca insuficiencia cardíaca. Muchas especies migran hacia los polos o a aguas más profundas, pero cuando el calentamiento es abrupto (como en un El Niño extremo), no logran adaptarse; su tamaño se reduce hasta un 30 % o desaparecen localmente. Esto ya golpea a pescadores artesanales e industriales: baja de capturas, pérdida de exportaciones y deshidratación de los pescadores que puede acabar en golpe de calor.
Frente a esta realidad, hay herramientas que funcionan. En Chile, la Asociación de Pescadores de Caleta El Membrillo, implementó un seguro climático paramétrico piloto con el Ministerio de Hacienda. Durante la ola de calor marina de 2023, el mecanismo desembolsó 500,000 dólares para 200 pescadores, permitiéndoles sobrellevar la veda forzosa. En Costa Rica, el programa “Pesca y Cambio Climático” del INCOPESCA, con apoyo de la GIZ, instaló sistemas de refrigeración solar en 15 comunidades, reduciendo un 25 % el desperdicio post captura durante episodios de calor extremo, según evaluación de 2024.
Estos ejemplos muestran el camino. La OMM y los organismos internacionales insisten que urge integrar a la pesca en los planes de prevención ante El Niño 2026-2027 y en los Planes de Adaptación al Cambio Climático en el Sector Pesca. Eso implica ajustar calendarios de pesca, capacitar a trabajadores, crear seguros de protección social y mecanismos financieros contra choques climáticos. El BID, estima que cada dólar invertido hoy en adaptación del sector pesquero ahorra hasta seis dólares en pérdidas futuras.
Proteger la pesca no es solo una cuestión técnica. Requiere voluntad política, cooperación regional y una transición decidida hacia un desarrollo sostenible, inclusivo, bajos en emisiones y resiliente al cambio climático. El océano ya no enfriará lo que absorbemos hoy; pero sí podemos decidir si dejamos que su calor silencioso devore los medios de vida de millones de latinoamericanos. El momento de actuar es ahora, antes de que el próximo El Niño nos tome desprevenidos.