El Panamá bilingüe: identidad, lenguas originarias y desafíos interculturales

  • 23/07/2026 00:00

La población del istmo de Panamá, se da según los distintos investigadores se identifican con datos recabados a la llegada del hombre, se prevé entre los 10,000 a 9,500 a.C. según estudios arqueológicos lo demuestran, con base a los restos y hallazgos encontrados, utilizados para la caza, piedras de uso doméstico, considerando según estudiosos que la primera oleada poblacional llega al istmo aproximadamente a los 9,000 a.C., identificados como los paleonativos (siendo los más antiguos pobladores del istmo) de allí su origen y la convivencia entre culturas, según los periodos como: el preclovis y clovis según, que las hipótesis nos permite apreciar el desarrollo de cultura y organización social; políticas de población, tipos de alimentación, estilos de vida.

Diversas teorías señalan que los primeros pobladores de América eran de origen asiático, debido a las prácticas lingüísticas de repetición, vocalización, entre las relaciones biológicas y culturales existentes. Los grupos étnicos que en la actualidad conservan sus lenguas originarías (los guaymíes, ngabere (o ngobere; naso o Teribe (”teribes / térrabas; bri-bri (se dice que son migrantes del siglo xx); los Tules kuna( tules (”kuna”), se dice que hablan idiomas que pertenecen a la Estirpe Chibchense del Filo Paya-Chibcha), dule o dulegaya, emberá: (waunana, chocoe), a su vez existen otros significados que refieren a: lenguas aborígenes, lenguas amerindias, lenguas autóctonas, lenguas indígenas, lenguas originarias, lenguas vernáculas o lenguas precolombinas.

Según Cook surgen estudios que identifican aspectos como la migración del Norte al Sur de América y viceversa, el contacto con los conquistadores generó aculturación y rechazo; a la vez que permite la comunicación verbal y no verbal, durante los siglos XVI y XVII llegaron otros grupos indígenas de diversas filiaciones lingüística-culturales. Todas ellas lenguas son valores y patrimonios inmaterial, que deben ser protegidos y practicados a través de los pillares fundamentales establecidos en el marco legal para salvaguardar; a través de Ley 88 de 2010 y que regula la educación bilingüe intercultural; con lenguas aborígenes y las más habladas (ngäbere, buglere, guna, emberá, wounaan, naso y bribri).

La advertencia de la Unesco, sobre el tema del bilingüismo es parte de nuestra identidad las cuales tienen riesgos de perderse, frente a el desconocimiento en materia educativa desde la educación básica, hasta la superior. Reconocemos la importancia de los sectores servicios, de consumo y frente a estas necesidades se ven obligados a usar otras lenguas lo que afecta las actuales existentes como las de los grupos el ngäbere, buglere, guna, emberá, wounaan, naso y bribri, estas últimas, identificadas en peligro debido a la reducción de su población joven quien es finalmente el relevo generacional.

Riesgos y desafíos reconozcamos la interculturalidad y la posición estratégica como país de servicios hacia la cual debemos resaltar y fortalecer la importancia de adecuar la educación bilingüe e intercultural al igual que proteger a que las próximas generaciones lo puedan preservar en la memoria. El conocimiento, uso y manejo de otras lenguas extranjeras como el inglés, francés, portugués entre otras para mejorar la oferta de servicios y productos locales.

El rol de las políticas del estado a través de la educación, cultura y deportes se pueden crear espacios, para fortalecer, proteger y mantener viva la educación bilingüe intercultural, mejorar las relaciones, atención hacia los pueblos originarios, de manera fortalecer estrategias de desarrollo y crecimiento de oportunidades de aprender otras lenguas internacionales que permitan mejorar, la calidad de vida, sin perder la propia, de manera sostenible que permite la apertura de más oportunidades de integración y al desarrollo justo y equitativo

De manera que un Panamá, bilingüe intercultural, de conectividad aérea, terrestre y logísticas portuarias crea escenarios necesarios y formar profesionales integrados de manera equitativa con herramientas y competencias lingüísticas necesarias frente a las oportunidades de acceder a nuevos mercados y mejorar la calidad de vida de nuestros grupos culturales y por ende a la sociedad en general.

* El autor es docente de Udelas