Enrique Jaramillo Levi y el arte de urdir historias
- 26/08/2026 00:00
Hace algunos años se presentó en la antigua sede del Ministerio de Cultura de Panamá y, posteriormente, en mayo del mismo año, en Casa de América, en Madrid, la entonces más reciente colección de cuentos de Enrique Jaramillo Levi (Colón, Panamá, 1944), titulada Urdimbres (Editorial Azimut, Málaga, 2024).
Aprovecho la proximidad de la grata visita a Panamá de Enrique Jaramillo Levi a mediados del mes de agosto para presentar varios de sus libros más recientes recién publicados en varias pequeñas editoriales internacionales y panameñas, para en mi condición de prologuista de aquel cuentario de su autoría, expresar algunos de sus aspectos más resaltantes.
Urdimbres es, por una parte, una muestra del estilo y las inclinaciones literarias que son constantes en la obra de Jaramillo Levi y, por otra, la elaboración de algunas preocupaciones ligadas a la actualidad mundial y personal del autor. Se trata de un conjunto de más de setenta minicuentos, una de las formas predilectas que a lo largo de los años ha tomado la prosa de este autor. En ellos, narración, reflexión y prosa poética se entrelazan en la creación de mundos posibles que se mueven entre la indagación en lo cotidiano y la aparición de lo fantástico o lo inesperado que desequilibra la realidad.
Todo ello es, junto al interés metaficcional (la reflexión sobre la escritura desde la escritura; sobre la literatura desde la creación literaria), una marca de la obra toda de Jaramillo Levi que en este libro emerge con la claridad y el aplomo del creador experimentado, dueño de su propio decir.
Por lo que respecta a su actualidad, el libro es hijo de la pandemia de hace algunos años, escrito durante el confinamiento y la soledad obligatoria, por lo cual las referencias reales e imaginarias no dejan de tocar ese encuentro colectivo con la muerte, la fragilidad del cuerpo y la angustia de su presencia inminente que vivimos todos en aquellos años.
En este sentido, no es gratuita la presencia de personajes en que esta vulnerabilidad se hace más evidente, como los ancianos, los enfermos, los afectados de dolencias psíquicas que interrumpen o dificultan sus relaciones con la realidad, especialmente en situaciones difíciles o exigentes. En ellos la monotonía marca una existencia flotante que sin embargo se ve afectada de pronto por la discontinuidad entre su mundo psíquico, interior, y la realidad.
El interés del autor por lo extraño, lo inusual y lo fantástico encuentra en Urdimbres una expresión plural, con historias de almas que viajan fuera del cuerpo, ovnis y extraterrestres, saltos en el tiempo y manifestaciones de la ciencia ficción, junto a la aparición de lo sórdido, lo desagradable, lo abyecto o la violencia que surgen de pronto y trastocan la realidad dada o asumida. Como signo insistente de su escritura, nos reencontramos en muchos de estos cuentos con la irrupción de elementos extraños, a veces fantásticos o absurdos y otras explicables por la locura, la alucinación o el deterioro psíquico.
En cuanto a la estructura, sorprende la complejidad de estos cuentos tomando en cuenta la brevedad de su extensión. El autor parece decidido a sorprendernos y a sorprenderse a sí mismo, inventando o descubriendo nuevas formas de narrar o de decir, cosa difícil tras su larga y prolífica trayectoria, pero que no cesa de intentar y, afortunadamente para él y los lectores, de lograr. Es la literatura como juego, reflexión y experimentación; cada uno de estos cuentos es su propia búsqueda, un ensayo en el doble sentido de intento y de propuesta.
Digo en él que Enrique Jaramillo Levi lleva toda una vida imaginando y reimaginando el mundo para entregarnos con su escritura unas cuantas respuestas posibles o, al menos, algunas nuevas aproximaciones a las preguntas fundamentales de la creación y de la existencia. Urdimbres es uno de los más recientes escenarios de tales elaboraciones.