Entre sabores y memorias
- 18/06/2026 06:54
Cada cocina guarda historias. Algunas se escriben en viejos cuadernos de recetas; otras viven en la memoria, en los aromas y en los sabores que nos acompañan toda la vida.
En mi caso, el amor por la cocina parece correr por la sangre. Por la vertiente materna, mi familia tiene raíces en la provincia de Chiriquí, junto a las aguas del río Risacua, donde las mujeres de la casa preparaban alimentos que reunían a todos alrededor de la mesa. De la cocina de mi abuela, recuerdo el olor del fogón de leña donde degusté la comida más sabrosa, que mi paladar ha experimentado.
Mientras cocinaba su rostro se manchaba de cenizas, pero siempre sonreía, mientas los nietos la mirábamos convertir en manjares; alimentos sencillos que estaban en su patio.
Mi madre heredó ese talento. Durante mi infancia la observé muchas veces en la cocina, concentrada y amorosa, convirtiendo ingredientes cotidianos en comida criolla llena de sabor. Sin saberlo, me estaba enseñando mucho más que recetas. Me enseñaba paciencia, disciplina, creatividad y generosidad.
Por la otra vertiente, recuerdo a mi abuela paterna, una cocinera extraordinaria que transformaba ingredientes sencillos en platos memorables. Mezclaba con destreza ingredientes de la campiña santeña, de donde era oriunda, con sabores caribeños.
Lo que hoy llamaríamos comida fusión “Santeña caribeña”. Ellas dejaron una huella imborrable en mi corazón, que me acompaña cuando cocino.
No sé si heredé el gusto por la cocina o si lo desarrollé gracias a aquellas experiencias, pero sí sé que disfruto profundamente combinar sabores. Me gusta experimentar, descubrir nuevas mezclas y encontrar el equilibrio perfecto entre ingredientes.
Entre mis aromas favoritos están la cebolla, el culantro y el ajo, inseparables compañeros de muchos de mis guisos. Basta que comiencen a cocinarse para que la casa se llene de una sensación de hogar difícil de describir.
Cocinar es mucho más que alimentar el cuerpo. Es una forma de expresar amor, ese ingrediente -secreto- de las recetas de las mujeres de mi familia, donde no hay pasos a seguir, más bien se cocina al ojo. Prepara comida es dedicar tiempo, esfuerzo y atención a quienes amamos. Cada plato preparado con esmero lleva un mensaje silencioso que dice: “me importas”.
La comida tiene además un poder especial: fortalece los lazos familiares. Alrededor de una mesa donde compartimos alegrías, preocupaciones, anécdotas y sueños. Allí se construyen recuerdos que permanecen mucho después de que los platos se han ensuciado y luego se han lavado.
Por eso, en el Día de la Gastronomía, celebro no solo el arte de cocinar, sino también la herencia familiar que me inspira. Celebro a mis abuelas, a mi madre y a todas las personas que han transmitido conocimientos de generación en generación. Celebro los sabores de mi herencia santeña y chiricana, los aromas que despiertan recuerdos y la magia de reunir a la familia alrededor de una buena comida.
Y sí, cocinar es una forma de brindar amor a los tuyos, incluso cuando al preparar comida, se haga ruido con las paila -mientras algunos duermen- y se ensucie toda una vajilla. Recordemos que esas pequeñas escenas familiares también forman parte de los recuerdos más entrañables de la vida.Al final, cada comida cuenta una historia. La mía está hecha de raíces, gratitud y afecto.