Entre torres y casas de quincha
- 25/10/2026 00:00
Cada Octubre ONU-Hábitat habla de las oportunidades y desafíos derivados de la urbanización global, y nos recuerda algo que debimos haber resuelto hace décadas: un techo digno no es un lujo. Este año el lema es “Vivienda adecuada para todos”. Además, establece el primer lunes del mes como el Día Mundial del Hábitat y el 31 como el Día Mundial de las Ciudades. La meta es construir ciudades sostenibles y satisfacer el derecho a la vivienda digna.
¿Y, qué es exactamente hábitat?; ONU-Hábitat lo define como un lugar físico y social que garantiza vivienda adecuada y lo evalúa con base a siete aspectos: seguridad de la tenencia, acceso a agua potable, energía y saneamiento; asequibilidad, costo no mayor del 30% del ingreso familiar; habitabilidad, protección contra inclemencias climáticas y espacio suficiente; accesibilidad, libre de barreras; ubicación, cercano a empleo y equipamientos de salud, educación y servicios sociales; y, adecuación cultural, diseñado según su cultura. Puede sonar a lujo de países ricos. No lo es: es el derecho a una vida digna proclamado en 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esa debería ser la base de cómo planificamos y diseñamos nuestros territorios.
En este año se proponen cuatro metas: urbanización sostenible, vivienda digna, acción climática y reducción de las desigualdades (ONU Hábitat, 2026). Esos objetivos abruman en un contexto en que duele ver la brecha entre discursos oficiales y realidad cotidiana. Veamos.
Primero, la urbanización sostenible es una quimera ante la expansión acelerada que observamos. Se espera que en 2050 dos tercios de la población mundial (casi 70%) vivirá en ciudades (ONU-Hábitat 2022). En Panamá, casi siete de cada diez personas (68.4%) vive en ciudades (INEC, 2023); además, la riqueza se concentra en la estrecha franja transístmica que consolida el 80% del PIB nacional (PNUD, Panamá, 2020), evidenciado la profunda desigualdad territorial existente en el país (Cabrera, 2022).
Segundo, el derecho a una vivienda adecuada es un sueño asesinado por la especulación y la pobreza. La ONU, afirma que vivimos una crisis mundial de vivienda que afecta a 2,800 millones de personas (Naciones Unidas, Noticias ONU, 2025). Según el IX informe de calidad de vida de la Cciap en el 2025, el déficit habitacional en Panamá incluyendo carencias de agua potable, electricidad y saneamiento fue de 322,755 viviendas (24.3%). Detrás de cada una de esas casas hay una familia.
Tercero, la acción climática. El Foro Económico Mundial ha advertido desde el 2020 que el cambio climático (olas de calor, inundaciones, sequías, aumento del nivel del mar, y contaminación del aire) perjudica la salud, las economías y los ecosistemas.
La advertencia para Panamá se enfoca en las secuelas de sequías sobre el Canal de Panamá y sobre las actividades agrícolas; el aumento de enfermedades por el aumento de las temperaturas y el impacto de la elevación del nivel del mar. En Guna Yala la comunidad de Gardi Sugdub ya es uno de los primeros casos documentados de desplazamiento por efectos climáticos en la región. (PNUD) (Foro Económico Mundial 2024).
Los más vulnerables al cambio climático y a los desastres naturales son los ciudadanos más pobres. La tierra tembló para todos, pero el efecto no fue igual para todos; como pudimos comprobar con el sismo de 7.2 ML del 9 de octubre de 2026 (afectó a más de 20,000 personas, 8,000 viviendas, 619 escuelas, 42 centros de salud, 69 puentes y 87 edificios públicos mayormente en zonas rurales e indígenas (Infobae, 20 octubre, Mingob, 19 oct).
Finalmente, la desigualdad: dos mundos irreconciliables. Los rascacielos de San Francisco, Bella Vista, Costa del Este y Santa María. Lejos, en Tocumen, 24 de diciembre, Chilibre, Alcalde Díaz, Arraiján, Burunga o Veracruz, las casas sin agua potable ni alcantarillado. La inseguridad está presente en ambos lados, pero con distinta intensidad y diferente cara (Cabrera Arias, 2022).
Panamá es un reflejo del mundo. Oxfam advierte en El saqueo continúa (2025) que el 1% más rico del planeta concentra el 45% de la riqueza, mientras el 44% (3,600 millones) apenas sobreviven bajo el umbral de la pobreza de $6.85 diarios. En Panamá el 10% de las familias más ricas recibe 39 veces más ingresos que el 10% más pobre que apenas recibe el 1.1% (Cciap en el 2025).
Construir ciudades dignas es un deber; un gobierno que lo comprenda, que rinda cuentas y permita su fiscalización, ganara legitimidad. Porque una vida digna no debe ser privilegio de unos pocos. Es u derecho de todos.