¿Eres feo de cara?

DpoaitPhotos
  • 01/03/2026 00:00

Hace algunos días, circuló información sobre un proyecto de ley que habría sido aprobado en el Consejo de Gabinete para prohibir que los manifestantes oculten su rostro durante las protestas. Desde mi balcón, pienso que quien protesta no debería temer ser identificado. El problema en el fondo del chicheme es que esa identificación pueda convertirse en un motivo para tomar represalias contra quien se manifiesta. Protestar es un derecho que tenemos todos los ciudadanos; incluso, no es necesario “solicitar permiso” para manifestarse. Lo que sí no es legal es violar la ley durante una protesta.

Tomando en cuenta las sabias palabras de quien presidiera México tras la caída del Segundo Imperio Mexicano en 1867, don Benito Juárez —“El respeto al derecho ajeno es la paz”—, principio que implica que los derechos de los demás empiezan donde terminan los míos, es importante reconocer que nadie debe tener más derechos que su vecino. “Criollizando” el comentario, lo que se plantea es que usted tiene todo el derecho de protestar, siempre y cuando no me impida transitar por la misma vía en la que usted se manifiesta, y que yo también tengo el derecho de rebatir lo que usted expresa en su protesta. Es decir, nadie puede impedirme ir a trabajar o a la escuela porque a usted su patrono no le haya pagado su salario.

Respeto: qué palabra tan grande y cuánto la desdeñamos en la convivencia diaria. Muchos sienten que tienen más derechos que los demás por el simple hecho de poseer más títulos, dinero, posición social, conexiones políticas o por formar parte del famoso “círculo 0” del gobernante de turno. ¿Cuántas personas no han amenazado a agentes del orden público con la infame frase: “tú no sabes quién soy yo”?

Entra entonces en juego la famosa “doble moral”, que exige que el resto de la población cumpla la ley, mientras yo debo estar exento por la razón que sea. Así damos cabida a la subjetividad del agente al momento de aplicar la ley, muchas veces por miedo a posibles consecuencias para su trabajo, su rango o cualquier otra represalia.

Regresando al tema original, si las cosas se hacen correctamente, nadie tendría inconveniente en protestar con el rostro descubierto (a menos que seas muy feo). De hecho, varios políticos del patio se “hicieron” de esta manera y hoy son grandes políticos o empresarios, aunque a muchos se les ha olvidado cómo llegaron allí.

Pero en la realidad, la mayoría de quienes dan la cara son los que protestan porque no tienen agua. Es decir, la mayoría... No termino de entender por qué ningún presidente dedica su período a garantizar el suministro de agua potable en todo el país, las 24 horas del día. Estoy seguro de que le levantarían un busto en reconocimiento a sus logros en cada pueblo del país.

Por el otro lado, nadie debería tener que cubrirse el rostro cuando su protesta es legítima y justa. Algo que no sucedió cuando algunos sindicalistas nos secuestraban, por razones que ni ellos mismos sabían. Lo que ocurre es que a estas protestas llegan “infiltrados” – lo pongo entre comillas porque muchas veces estos infiltrados son en realidad lo que en Panamá se conoce como “soy yo mismo” – que promueven un vandalismo ilegal e injustificado, tratando de “pescar” en río revuelto.

Yo apoyaría este proyecto de ley, pero no con sanciones tan severas como las propuestas. Optaría por imponer sanciones económicas considerables y que quienes no las cumplan paguen entonces con días-multa en los centros de reclusión correspondientes. No matemos la iniciativa; modifiquémosla para hacerla mejor y más justa.

Incluyo ahora algo en lo que he venido insistiendo por años: tenemos un compromiso con los valores cívicos, éticos y morales. Si fueran materias obligatorias en TODOS los centros educativos del país, tendríamos una calidad de ciudadanos muy distinta a la actual, pues hoy somos una masa que se compra, se vende y se moviliza, y no los ciudadanos que el país necesita.

Necesitamos ser ciudadanos todo el año: que nos involucremos en lo que sucede en el país y no nos dejemos “comprar” por un jamón. Debemos promover el pensamiento crítico desde la juventud para que seamos ciudadanos activos y participativos.

*El autor es analista político, comunicador y dirigente cívico