Esa no fue la patria que soñó Bolívar

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  • 28/06/2026 01:01

Esta semana el tema obligado es Venezuela, un hermano país con el cual nos une mucho más que una historia, esculpida por uno de los grandes protagonistas de las batallas independentistas que terminaron por reafirmar la independencia de las antiguas colonias españolas en América.

Es que Simón Bolívar, ese caraqueño de pequeña estatura biológica, pero gigantesco en pensamiento y gestión, soñó con esa América unida. Sagazmente, él percibió que había que balancear la fuerza generada por la unión de las antiguas colonias británicas en el norte.

Infortunadamente, las propias naciones se dejaron convencer y el resultado se pudo percibir en el Congreso Anfictiónico en Panamá, cuyo aniversario fue celebrado la pasada semana en esta ciudad que Bolívar en su mente, pensó que podría convertirse en la capital de su malogrado sueño.

Sin embargo, de la misma manera, esta semana pudimos percibir que sus anhelos se cristalizaron, cuando el continente se “sacudió”, no tanto como la bella Caracas, pero sí como latinoamericanos para asistir de alguna manera con la tragedia que paralelamente causó tanto dolor y llanto en ese hermano país.

En cuestión de horas, ya había aviones aterrizando en Valencia y aeropuertos cercanos, provenientes de lugares tan lejos como México, Estados Unidos de América y República Dominicana, así como de varios que siguen saliendo de Panamá con ayuda humanitaria recogida en menos de 24 horas, no solo por los venezolanos residentes, sino por la propia ciudadanía y quienes tenemos familia, amigos o conocidos que residen en ese gran país.

Lo que se ha visto en televisión y por las redes sociales nos deja entrever la catástrofe que produjo esa rara combinación de dos poderosos movimientos sísmicos sucedidos con menos de un minuto de separación. Se vieron edificios totalmente destruidos, otros tan deteriorados que deberán ser derrumbados totalmente, lo cual produce de manera inmediata y sin previsión alguna, una escasez de vivienda, sin contar lo dañado que está el sistema de salud nacional.

Según me cuentan amigos en Caracas, los regímenes castrenses que han gobernado Venezuela desarticularon los equipos establecidos y capacitados de protección civil para convertirlos en bandas de “sapos” que servían para denunciar a los que se atrevían a hablar en contra del régimen gobernante. De igual manera se infiltró hasta la Cruz Roja, carcomiendo desde sus entrañas la verdadera esencia de esa noble organización.

Hoy, vemos con preocupación en esos vídeos que son ciudadanos del común quienes a punta de palas improvisadas o con juguetes de niños o hasta con las manos, en estado de desespero, han tenido que tratar de remover los escombros que dejaron los movimientos telúricos de la semana pasada. Inclusive, vi un video donde varios hombres tratan de liberar a una mujer atrapada por restos de un edificio y, como no tenían las herramientas necesarias, atestiguaron como se fue desvaneciendo hasta que falleció a pesar de los infructuosos intentos de los vecinos de liberarla.

Las actuales marionetas que hoy desgobiernan a esa nación aparecieron con una ridícula intención de hacer ver que estaban al frente de una situación, para la cual no están preparados a enfrentar y mucho menos solucionar. Para eso se estudia, se prepara y se está listo para ejecutar.

Venezuela no se merece lo que está padeciendo. En parte, producido por los desmanes de una clase política tradicional que se alternó en el poder mientras saqueaban a un país millonario que lo tenía todo. Pensaron en ellos primero y no en el país. Luego por unos militares que le vendieron espejitos y cuentas a una población que se dejó echar arena en los ojos y se montaron en un carrito al cual le hacía falta varias llantas; posteriormente, los montaron en un autobús cuyo conductor demostró una total irresponsabilidad pues ni siquiera manejar sabía.

Ese pueblo hoy no sabe donde está parado y solo ve que un sistema dañado, con dirigentes mediocres y permisivos pasean a bordo de un taxi, pues el bus se lo llevaron lejos, sin un destino fijo y esperando que alguien venga de afuera ya sea a llevárselos o a establecerlos en el paraíso de quienes no tienen conciencia ni amor por esa bella patria que los vio nacer.

* El autor es analista político, comunicador y dirigente cívico