Escasez de médicos en Panamá: reformas para fortalecer el sistema de salud

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  • 21/10/2026 00:00

El mes pasado, el presidente José Raúl Mulino anunció reformas para facilitar la incorporación de médicos formados en el extranjero al sistema de salud panameño y ampliar la formación de especialistas, en respuesta a la escasez de profesionales médicos en el país. Aunque algunos apoyan la reforma, también ha generado debate por el temor a que perjudique las oportunidades laborales de los médicos locales. Sin embargo, este no es un problema exclusivamente panameño. La escasez de los médicos, particularmente en las zonas rurales y remotas, constituye un desafío global que afecta tanto a países desarrollados como en desarrollo. Aproximadamente la mitad de la población mundial vive en áreas rurales, mientras que la densidad de médicos en estas zonas continúa siendo especialmente baja, según el reporte de la Organización Mundial de la Salud. Panamá enfrenta además una situación particularmente compleja, ya que se encuentra entre los países con menor densidad de médicos en las Américas, con entre 12 y 22 médicos por cada 10,000 habitantes según ese reporte.

De hecho, el ministro de salud, Fernando Boyd Galindo, también ha reconocido la escasez de médicos y destacó que los especialistas se concentran principalmente en la Ciudad de Panamá y Chiriquí. Mientras tanto, regiones como Bocas del Toro, Puerto Armuelles, Colón, Aguadulce y Chepo continúan enfrentando déficits importantes, especialmente en áreas como cardiología, anestesiología, oncología y pediatría.

La fuerza laboral en salud funciona dentro de un mercado determinado por la oferta y la demanda. La demanda está influida por factores como las necesidades sanitarias de la población y los cambios demográficos, mientras que la oferta depende del número de profesionales que ingresan y salen del sistema. A diferencia de otros sectores, la oferta de médicos responde lentamente a los cambios en la demanda debido a los extensos períodos de formación. En el caso de los especialistas, la preparación puede tomar entre diez y catorce años. Por ello, los gobiernos suelen complementar la formación nacional con la incorporación de profesionales formados en el extranjero.

Esta estrategia ha sido utilizada por numerosos países. En América Latina, uno de los ejemplos más conocidos es Brasil. El programa Mais Médicos, lanzado en 2013, incorporó miles de médicos formados en el extranjero, particularmente procedentes de Cuba, mediante acuerdos facilitados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El programa permitió reducir rápidamente las graves carencias de médicos en comunidades rurales y fue relanzado en 2023. Sin embargo, también recibió críticas relacionadas con su implementación, incluyendo cuestionamientos sobre la asignación de médicos a algunas áreas que no eran prioritarias, así como preocupaciones sobre las condiciones laborales y la supervisión del programa.

Australia ofrece otro ejemplo relevante. Durante la última década, el país se ha mantenido entre los miembros de la OCDE con una de las mayores proporciones de profesionales sanitarios formados en el extranjero. Para hacer frente a la escasez y a la distribución desigual de médicos, el gobierno australiano desarrolló el sistema de Áreas Prioritarias de Distribución, que identifica regiones con insuficiente acceso a servicios de medicina general. Bajo este esquema, la mayoría de los médicos formados en el extranjero deben ejercer durante un período determinado en estas áreas antes de acceder a mayores libertades de práctica profesional. De esta manera, Australia garantiza que parte de ese talento se dirija a las comunidades con mayores necesidades.

Panamá podría beneficiarse de reformas similares, siempre que prioricen a los profesionales formados localmente, incluidos hijos de inmigrantes que han estudiado en el país pero aún enfrentan restricciones para ejercer ciertas profesiones. Como señaló el presidente Mulino, este grupo podría constituir una valiosa fuente de talento para el sistema de salud. Asimismo, las profesiones protegidas continúan limitando las oportunidades de refugiados y migrantes plenamente integrados a la sociedad panameña, obligando a muchos profesionales calificados a trabajar fuera de sus áreas de especialización o en el sector informal.

Además, Panamá alberga a más de 2.600 refugiados reconocidos, algunos de los cuales poseen títulos profesionales obtenidos en sus países de origen. Entre este grupo podrían encontrarse también profesionales con formación en el sector salud. Aunque gran parte de estas personas se ha visto obligada a reinventar sus trayectorias profesionales, pueden ser una valiosa reserva de talento que podría ser evaluada y acreditada. La mayoría ya vive en Panamá desde hace años, conoce el contexto local y se encuentra culturalmente integrada.

En última instancia, el debate no debería centrarse únicamente en si Panamá debe abrir o no sus puertas a profesionales formados en el extranjero, sino en cómo diseñar políticas que permitan aprovechar el talento disponible sin desplazar a los trabajadores locales. La experiencia internacional demuestra que, cuando estas reformas se implementan adecuadamente, pueden convertirse en una herramienta eficaz para ampliar el acceso a la atención médica, especialmente en las regiones que más lo necesitan.

* La autora es investigadora asociada pre-doctroral del CIEPS