Espino de Marotta y el comercio global

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  • 25/05/2026 00:00

El canal tiene una nueva administradora, responsable de configurar una parte de nuestro rol en el comercio global.

Consciente de su peso específico y decidida a no estar ya a la sombra de nadie, Ilya Espino de Marotta presentó su aspiración a dirigir la institución, participó del proceso competitivo que concluyó hace poco y logró el puesto gracias a su audacia y claridad de propósito.

Sabe bien que los administradores del canal son evaluados por sus resultados, y existen indicadores de desempeño por los cuales será juzgada. Uno de ellos es el aporte que la institución entrega cada año al Tesoro. El otro es la confiabilidad del servicio brindado a los clientes.

Ya que los números hablan con contundencia, veamos. Entre 2012 y 2019, la ACP aportó al Estado $1,200 millones anuales en promedio. Entre 2020 y 2025 duplicó esa cifra hasta alcanzar unos $2,500 millones anuales. Lo extraordinario de esos resultados es que se lograron en un difícil contexto climático. Primero entre 2015 y 2016, después entre 2019 y 2020 y de nuevo entre 2023 y 2024.

En esos periodos se dieron sequías que redujeron la disponibilidad de agua disminuyendo el tránsito diario de buques, de 38 a 22. La ACP respondió con el Long-Term Slot Allocations System. Conocido por sus siglas LoTSA, es un sistema que transformó una limitación operativa en una oportunidad económica. El mensaje enviado a las navieras fue sencillo: quien quiera garantizar su tránsito expedito, debe reservar con anticipación y pagar por esa certeza. Ellas aceptaron las nuevas condiciones y los ingresos se dispararon.

Por otro lado, Espino de Marotta deberá iniciar y concluir tres proyectos llamados a definir el legado de su administración cuando entregue el puesto a su sucesor en 2034.

El primero es un gasoducto que transportará combustibles entre ambos océanos sin necesidad de utilizar las esclusas. Así, ACP diversifica y amplía sus fuentes de ingreso.

El segundo es la construcción de sus dos nuevos puertos, aumentando de cinco a siete el número total de terminales en el área interoceánica. Incrementarán la capacidad nacional anual de manejo de contenedores, de los diez millones actuales a quince.

El tercero es la construcción de un embalse en río Indio que garantizará el agua para permitir hasta catorce tránsitos diarios adicionales. Espino de Marotta ha liderado la presentación del cronograma, las plataformas participativas y el plan de reasentamiento de las comunidades en esa cuenca. Esas grandes obras están vinculadas a la realidad geopolítica y allí residen desafíos complejos para su gestión.

El entorno internacional está marcado por la retórica del presidente Trump respecto al Canal, así como por la confrontación comercial entre Estados Unidos y China, disruptora de flujos logísticos y cadenas de suministro. Esos y otros hechos revelan que el debate debe abarcar asuntos que exceden al Canal: la arquitectura completa de la plataforma logística nacional.

Por ejemplo, está sobre la mesa el proyecto ferroviario Panamá–David–Frontera, así como una propuesta complementaria de un entramado de autopistas nacionales de alta velocidad. También la posibilidad de desarrollar un nuevo corredor logístico de norte a sur, que conecte Puerto Rincón, en Colón, con Aguadulce, en Coclé.

Repensar el sistema portuario y logístico panameño en su conjunto exige diseñar y ejecutar una política ambiciosa de formación de talento humano, porque no debemos tolerar que una parte significativa de los panameños del interior observe desde la distancia la riqueza producida por el eje interoceánico. Vamos a incorporarlos al circuito de oportunidades que ofrece el transitismo.

Confío que la designación de Marotta no quedará reducida a una simple representación simbólica. Tenemos claro que el que sea mujer tendrá valor en la narrativa pública, pero el Canal no se administra con consignas feministas e identitarias. Como ya dije, lo que importa son los resultados y la confiabilidad, para que nuestro activo más importante sirva muy bien al mundo y a los panameños, en una era de profundos cambios globales y urgentes necesidades locales.

* El autor es analista