¿Estado de emergencia nacional o emergencia del estado nacional?

  • 03/09/2026 00:00

No es hipérbaton, inversión o sintagma. Quizás alteración silábica, posiblemente anástrofe, porque puede invertirse el orden normal y correcto de dos palabras, sin perder el sentido original de su significado, pero ambos se complementan. Por allí andarán merodeando y acechando los eruditos, conocedores del lenguaje, para hacer correcciones pertinentes. Ya he cometido estas imprudencias y exabruptos en otros escritos. Pero la esencia y contenido se mantienen por la importancia que representa el material expuesto y analizado.

Anteriormente, hemos presentado, explicando consecuencias de las travesuras de El Niño, en el área que genera alimentos, las huellas que va marcando, atravesando la agricultura, excesivas lluvias en algunos lugares y sequías por otras regiones, los cultivos y el hato. El Consejo de Gabinete, emitió el 25 de agosto de 2026 la resolución No 102-26, declarando el estado de emergencia nacional como consecuencia de las severas variaciones climáticas, asociadas al fenómeno de El Niño, para nuestro caso, haciendo énfasis en el sector agropecuario panameño.

Adicional se exhorta a mantener una coordinación interinstitucional para que todas las instituciones del Estado puedan intervenir en su radio de acción, atender a la población ante cualquier eventualidad que ocurra, así como tomar las providencias necesarias en situaciones específicas.

El escenario nacional e internacional está caracterizándose por variaciones climáticas disruptivas e intermitentes, sea el plano nacional, va determinándose el estado de emergencia, estableciendo diversos escenarios, el ámbito interno por exceso o una sobreabundancia de lluvia para el Caribe y déficit o ausencia de precipitaciones en el Pacífico.

Ha sido normal, común y frecuente, la creación de numerosas comisiones para acometer acciones en beneficio de una causa, tragedias, eventos climáticos, con el fin de atenuar su impacto en actividades que realiza el ser humano o afectaciones en el entorno local. Muchas no cumplieron su objetivo, por tal o cual determinada razón. Otras se fueron diluyendo en el tiempo. Algunas permanecen con su labor de manera intacta, cumpliendo funciones para la cual fueron creadas o sencillamente dejaron de operar al finalizar sus atribuciones. Esperemos que esta sea la excepción.

Según los pronósticos del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA), el fenómeno de El Niño “alcanzara mayor intensidad con déficit de lluvias, durante los meses de octubre a noviembre y diciembre 2026, así como enero, febrero y marzo de 2027. Sus efectos se extenderán hasta el mes de mayo de 2027 con altas temperaturas que podrían impactar a la población, sector agropecuario y los recursos hídricos del país”.

Más adelante agregan los medios noticiosos: “Esta situación podría generar sequías en las cuencas hidrográficas y bajos niveles en lagos y embalses como el de Bayano, además de afectar el tránsito de buques y la disponibilidad de agua para las tareas del Canal de Panamá. Así mismo se prevén afectaciones en la generación de energía hidroeléctrica, lo que comprometería la estabilidad y sostenibilidad de los recursos energéticos nacionales”, concluyen la mayoría de las informaciones al respecto.

La ausencia o déficit del recurso hídrico también se hace palpable en las 52 cuencas hidrográficas, las 11 cuencas hidroenergéticas donde se encuentran las 40 centrales hidroeléctricas, lo cual disminuye el caudal energético de los niveles aceptables de recepción del agua, limitando la oferta de energía disponible.

Entonces, de lo que se trata es de adoptar y adaptar medidas de mitigación y asumir acciones que propugnen anteponer consecuencias inmediatas, ya sea modificar calendarios de siembra, revisión, pronósticos mensuales, variedades resistentes, prácticas agrícolas aplicadas al clima, monitoreo constante y estado de los cultivos, construcción de abrevaderos, dragados, pozos, reservorios de agua, pasto, forraje y ensilaje para el ganado.

Cabe señalar y estudiar el comportamiento errático del clima, revisión de estadísticas e indicadores hacia donde apunta la orientación de estos instrumentos en campo y, por supuesto, la experiencia y observación de los agricultores y productores.

Debemos continuar con investigaciones, evaluaciones en superficies de siembra, verificaciones en terreno, zonificación de áreas, agilizar procedimientos administrativos de apoyo, realizar un censo actualizado de productores afectados, confirmar asistencia con suministro de insumos, equipo, herramientas. Revisar experiencias de otras latitudes, establecer comparaciones, donde existe similitudes, coincidencias o discrepancias, de que manera se reflejan en nuestro medio, pueden existir condiciones favorables para los cultivos y en que periodos vegetativos pueden desarrollarse.

Garantizar el cumplimiento del estado de emergencia en todo el territorio nacional sin escatimar esfuerzos, entendiéndose como política de Estado, para velar por la seguridad y la integridad de la nación panameña, sin menoscabo de afectar intereses locales o lesionar sectores de las actividades nacionales. Y en la misma dirección, no exista interrupción de objetivos encomendados y el espíritu de cumplimiento de la resolución.

Con mayor empeño, específicamente, nuestro sector primario que produce comida, asumiendo algunas de las medidas mencionadas, traer a colación palabras de la directora del IMHPA, Luz Graciela de Calzadilla, señalando planificación de país: “Tenemos que aprender de las lecciones, cambiar la mentalidad... avanzar hacia sistemas que no dependan de esperar las lluvias. Yo voy a sembrar no a ruego, rogando que llueva, sino con riego”, incluyendo posible riesgo .