Estamos mal aunque estemos en paz

  • 29/06/2026 00:00

Una de las citas famosas de ese gran actor Mario Moreno Cantinflas no deja de ser precisa para definir la situación en que convivimos. “Estamos peor, pero estamos mejor; porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad”. Nos vendieron un progreso ficticio con el cambio de gobierno y se manifiesta claramente en el nivel de desempleo existente. Sí, el desempleo es galopante. Se siente y se nota.

Pero hay paz. Una paz de las protestas sindicales del sector de la construcción motivadas por ideologías desfachadas. Ganamos paz, pero carecemos de oportunidades. Es la gran contradicción en el discurso político actual. A veces gira hacia buscar culpables en gobiernos anteriores y en otras ocasiones responsabilizar la galopante deuda pública existente. Pretender ajustar cuentas mediante políticas similares a las experimentadas en 1900-94. Generar superávits en las operaciones del sector público no financiero. La presión mediática, el discurso del gasto excesivo, la satanización de la abultada planilla gubernamental no reconoce la necesidad política de atacar el desempleo como dé lugar y darle estabilidad al país mientras se estructura una propuesta viable de inversión tanto pública como privada.

La deuda pública no puede ser la excusa para llevar el mensaje de no poder hacer nada. Nuestra incapacidad para generar valor con proyectos viables mientras el mundo enfrenta un sismo geopolítico es una clara demostración de la calcificación de la clase política. Hay un agotamiento generalizado de los gobernantes. No pueden brindar respuestas cuando carecen de capacidades. Me pregunto: Resulta difícil crear riqueza, oportunidades, empleos en un país geográficamente relevante para el comercio mundial con recursos naturales no explotados, ¿con dos mares, playas, flora y fauna envidiable? Quizás la repuesta muy bien la describió el economista Guillermo Chapman Jr. (padre del actual ministro de Economía) cuando señalaba a Panamá como un país que pretende ser una economía de mercado o capitalista, pero se trata de un capitalismo distorsionado, patrimonialista, con un poder ejecutivo distribuidor de concesiones.

En mi opinión, nuestra situación se debe a mujeres y hombres líderes desfasados. No saben qué hacer, pero aspiran a sostenerse en el poder pues es un afrodisiaco. Les hace creer haber alcanzado el Olimpo.

Necesitamos sangre nueva, quizás extranjera o de comunidades distintas que han prosperado y generado fortunas con bolsillos rotos en nuestro país. Esos que ven oportunidades donde los ciegos solo ven oscuridad. Esos que crean nuevos negocios y todos se preguntan porque a nadie se le ocurrió antes.

Hoy dependemos del Canal que retrasa innecesariamente el proyecto de embalse del río Indio, el gasoducto y los puertos alrededor del Canal. En ese mundo de los canaleros el resto del país es ajeno y debe correr su propia suerte, ajustarse a sus prolongados tiempos, aunque exista el hambre. El estrecho de Ormuz ha provocado una nueva visión logística del movimiento petrolero. A alguien en Panamá se le ha ocurrido cómo los europeos pretenden transportar petróleo canadiense a Europa. O cómo Asia podrá por razones estratégicas y de seguridad nacional garantizarse petróleo venezolano o americano. Y adónde radicarán los astilleros para reparar buques. ¿En todo este desplazamiento de los movimientos del petróleo y su almacenamiento cuál es el papel que jugará Panamá? Hoy el cierre del estrecho de Ormuz le ha dado un giro a la geopolítica mundial. Los estrechos y canales tienen la capacidad de generar tensiones económicas en el mundo. ¿Tiene Panamá un papel por jugar liderando una organización para alinear posiciones? Quizás se aspire a mucho en un país que todavía vive mentalmente limitada por sus fronteras geográficas. Nadie puede ser parte del mundo si no puede mirar más allá de sus fronteras y pretender aspirar a una relevancia regional o universal. Estamos estancados y nuestro liderazgo político petrificado. Es la verdadera causa del porqué hoy estamos mal, pero es verdad.