Estamos mal aunque estemos en paz
- 26/05/2026 00:00
Una de las citas famosas de ese gran actor Mario Moreno “Cantinflas” no deja de ser precisa para definir la situación en que vivimos: “Estamos peor, pero estamos mejor: porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad”.
Nos vendieron un progreso ficticio con el cambio de gobierno, y esto se manifiesta claramente en el nivel de desempleo existente. Sí, el desempleo es galopante. Se siente y se nota.
Pero hay paz. Una paz sin protestas sindicales del sector de la construcción, motivadas por ideologías desfazadas. Ganamos paz, pero carecemos de oportunidades. Esta es la gran contradicción en el discurso político actual. A veces gira hacia buscar culpables en gobiernos anteriores y, en otras ocasiones, a responsabilizar la galopante deuda pública existente. Se pretende ajustar cuentas mediante políticas similares a las experimentadas en 1990-1994, generando superávit en las operaciones del sector público no financiero. La presión mediática, el discurso del gasto excesivo, la satanización de la abultada planilla gubernamental no reconoce la necesidad política de atacar el desempleo a como dé lugar y darle estabilidad al país mientras se estructura una propuesta viable de inversión tanto pública como privada.
La deuda pública no puede ser la excusa para transmitir el mensaje de no poder hacer nada. Nuestra incapacidad para generar valor con proyectos viables mientras el mundo enfrenta un sismo geopolítico es una clara demostración de la calcificación de la clase política. Hay un agotamiento generalizado de los gobernantes. No pueden brindar respuestas cuando carecen de capacidades.
Me pregunto: ¿resulta difícil crear riqueza, oportunidades, empleos en un país geográficamente relevante para el comercio mundial con recursos naturales no explotados, con dos mares, playas, flora y fauna envidiables? Quizás la repuesta la describió muy bien el economista Guillermo Chapman Jr. (padre del actual ministro de Economía), cuando señalaba a Panamá como un país que pretende ser una economía de mercado o capitalista, pero que en realidad se trata de un capitalismo distorsionado, patrimonialista, con un poder ejecutivo distribuidor de concesiones.
En mi opinión, nuestra situación se debe a mujeres y hombres líderes desfasados. No saben qué hacer, pero aspiran a sostenerse en el poder pues es un afrodisiaco. Les hace creer haber alcanzado el Olimpo.
Necesitamos sangre nueva, quizás extranjera o de comunidades distintas que han prosperado y generado fortunas con bolsillos rotos en nuestro país. Esos que ven oportunidades donde los ciegos solo ven oscuridad. Esos que crean nuevos negocios y todos se preguntan por qué a nadie se le ocurrió antes.
Hoy dependemos del Canal que retrasa innecesariamente el proyecto de embalse del río Indio, el gasoducto y los puertos alrededor del Canal. En ese mundo de los canaleros el resto del país es ajeno y debe correr su propia suerte, ajustándose a sus prolongados tiempos, aunque exista el hambre.
El estrecho de Ormuz ha provocado una nueva visión logística del movimiento petrolero. ¿A alguien en Panamá se le ha ocurrido cómo los europeos pretenden transportar petróleo canadiense a Europa? O, ¿cómo Asia podrá, por razones estratégicas y de seguridad nacional, garantizarse petróleo venezolano o americano? ¿Y dónde radicarán los astilleros para reparar buques?
En todo este desplazamiento de los movimientos del petróleo y su almacenamiento, ¿cuál es el papel que jugará Panamá? Hoy, el cierre del estrecho de Ormuz ha dado un giro a la geopolítica mundial. Los estrechos y canales tienen la capacidad de generar tensiones económicas en el mundo. ¿Tiene Panamá un papel que jugar liderando una organización para alinear posiciones? Quizás se aspire a mucho en un país que todavía vive mentalmente limitado por sus fronteras geográficas.
Nadie puede ser parte del mundo si no puede mirar más allá de sus fronteras ni pretender aspirar a una relevancia regional o universal. Estamos estancados y nuestro liderazgo político, petrificado. Esta es la verdadera causa de por qué hoy estamos mal, pero es verdad.