Estoy preocupado
- 12/04/2026 00:00
La semana anterior vimos acción política en varios “órganos”. Fuimos testigos de una “selección” de candidatos para el cargo de defensor del Pueblo, que duró menos que una cerveza fría en un juego del mundial. Las “presiones” obligaron a que todos fueran incluidos en la selección para que luego el árbitro pitara ¡offside! y todos, menos una, se quedaran por fuera.
Infortunadamente, hay quienes piensan que a la seleccionada para capitanear esa institución —que como he dicho en anteriores ocasiones, sirve para algunas cosas y para otras no— no la precede la mejor trayectoria.
Qué lástima que los panameños sigamos permitiendo que se nos impongan figuras que en su recorrido público no han demostrado ser los mejores, ni los más imparciales, ni los más justos, ni los más profesionales. Pero la culpa la tenemos nosotros mismos cuando “elegimos” a quienes nos van a representar en el, supuestamente, más popular de los tres órganos a los que hace referencia nuestra Constitución.
El tema del puente no deja de sorprenderme, pues las redes han “graduado” a expertos en política que no leen (y menos entienden) absolutamente nada que no coincida con lo que ellos piensan que debe ser la política. Expertos en el Medio Oriente que confunden los persas con los árabes y no tienen la menor idea, siquiera, de la diferencia entre un estrecho y un canal. Pero se expresan de tal manera que ponen a muchos a creer y a otros a dudar. Y la gente los sigue, replica y hasta aplaude.
Estos seudoingenieros civiles saben más que los que sí se graduaron y, con toda la “propiedad del caso”, descalifican a cuantos les osen objetar lo que “la universidad de Tres Patines” les ha enseñado sobre estructuras que cruzan canales en un país en el centro del mundo. Pero claro, ninguno de ellos vive al oeste de la capital ni sufre el suplicio que este gobierno ocasionó al abrir tantos carriles en una autopista para que todos desemboquen en los dos del puente, o al anterior por no haber construido el nuevo puente.
La guerra entró, supuestamente, en una nueva fase y las conversaciones empezaron en el vecino Pakistán. Los del norte mandaron al número dos; el mismo que supuestamente no estaba de acuerdo con la acción militar. Ojalá se pueda encontrar una solución, aunque lo veo bastante difícil, pues el niño malo de la escuela ya se dio cuenta de que le puede “tocar la cara” al más grande, peleón, bocón y que supuestamente tiene los guantes más grandes y poderosos, y puede sobrevivir.
Lo que iba a demorar muy poco tiempo lleva más de un mes, así como las guerras que se iban a acabar en 24 horas y siguen dándose duro, y todo lo que se prometió que no se ha cumplido. ¿Será que el salón para guarachar y el nuevo arco, al final, se lo terminan aprobando? ¿O habrá que esperar a noviembre, cuando un nuevo capítulo debe comenzar?
Y regresando más cerca, lo que se vio a finales de la semana pasada en la Procuraduría —la institución que está llamada a protegernos y a defendernos de todo mal— muchos lo sentimos como bochornoso. Un director de una institución del Estado (porque es lo que es, una institución del gobierno) va a otra institución y, tal “lo bueno y lo malo” —por la cara, quiero decir— irrumpe en una sesión, se lleva a testigos y “aquí no manda usted, mando yo”.
Ustedes se imaginan que el día de mañana, cuando los investigadores del Órgano Judicial estén cuestionando a algún testigo sobre alguna demanda que tenga que ver con bomberos, por decir alguien, venga el comandante de esa institución, irrumpa en la sesión y se lleve a los testigos bomberos porque los han puesto a sudar. Y encima salen “constitucionalistas” a defender la acción del primer caso; me preocupo más ahora que sea esta la clase de Constitución que nos quieren vender como la salvadora de todos los males.
Hay que defender nuestro sistema democrático de pesos y contrapesos, nuestro derecho a disentir con respeto, pero principalmente los panameños tenemos que empezar a recobrar esa valentía que nos caracterizó en un momento para reclamar nuestros derechos.