Fin de la era Trump y sus dueños

  • 06/11/2026 00:00

Todavía resulta inverosímil asimilar como Donald Trump, logró ser presidente por segunda vez en EE.UU. entre tantas conjeturas las más atribuibles provienen del sistema electoral norteamericano con características muy peculiares pero las más llamativas son las donaciones a las campañas. Promovido e impulsado por los sectores empresariales financieros y políticos, además de convencer al electorado conservador, religioso, sus asesores lograron que se aceptara su propuesta del restablecimiento del orden tradicionalista de valores familiares, para un hombre que carece de moralidad el compromiso con este importante sector de la sociedad norteamericana, en parte contribuyó a la ponderación de votos que también tiene sus peripecias históricas en el coloso del norte, aunque insistimos en advertir que esa propuesta caló y tácticamente el equipo del “hombre naranja” capitalizó como acumulado político.

Ciertamente en el siglo pasado algunos consideraron a Estados Unidos como la democracia moderna, aunque definitivamente hoy día se encuentra en lo que sería la posición antagónica, todo en base a sus acrecentados ánimos de conservar la hegemonía imperial lograda después de la II guerra mundial. Hoy la comparten y la distribuye entre los imperios sobresalientes como China y Rusia, que en mucho tiene que ver Donald Trump, por llevar a niveles descontrolados el posicionamiento geopolítico al estadio de la geoeconomía, en donde la explotación de los recursos naturales de las naciones los imperialistas son socios, influyendo directamente en las elecciones y dándose a observar como los antípodas ideológicos la inteligencia militar y artificial juegan sus roles para lograr estos objetivos, que a la postre resultan los mandatarios en peones de los insaciables y perversos acaparadores mundiales de las riquezas, llevando como niños de la mano a las pequeñas naciones a consolidar sus destructoras intenciones.

Un mundo convulsionado por estratagemas políticas, haciendo énfasis en una política exterior no consensuada, donde el capital se eleva por encima de las vidas humanas y el mercadeo político atribuye las guerras o discordancias políticas al escenario ideológico. Lo importante e imperante es develar estos atroces escenarios fácticos y el hastío popular frente a estas incoherencias, desvariantes y peligrosas políticas de guerra, llevan a los desventajosos asociados a buscar la solución a un mandato que jamás debió suceder, donde sus dudosos triunfos electorales, muchos atribuyen al tecnocapitalismo o tecnosocialismo, como fórmula para declararlos vencedores en los comicios. Así podrá observarse muchos de los “elegidos” mágicamente como “virtuales” ganadores, nuestro país no escapa de esa política electoral de imposición.

La vista decadencia de la democracia plena de Estados Unidos, frente al resto del mundo no solo golpea su figura más discutida y vilipendiada en Trump, sino que refleja un autoanálisis europeo y latinoamericano, ya que el inminente revés que obtendrá electoralmente el partido republicano en la elecciones medias, se convertirá en un bumerán con dirección al resto del mundo y una vez desbancado, la tarea primordial no será endosarle el triunfo a sus detractores sino en mejorar las formas de elección popular ya que las instituidas son un fracaso en detrimento de la democracia y un éxito a favor de los acaparadores de riquezas por los financiamientos privados a las campañas electorales. Esta era de Trump y sus dueños que prontamente llega a su fin, no deberá en convertirse en un cambio de poder por otro igual, pero de diferente partido, más bien en la oportunidad de oro de construir instituciones sólidas que fomenten y fortalezcan las verdaderas democracias plenas. ¡Acción!