Fir milenge: hasta luego, Panamá

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  • 06/08/2026 00:00

Antes de ser diplomático fui médico. Y un médico nunca pierde cierta costumbre: al llegar a un lugar nuevo, lo primero que busca es el pulso.

Cuando llegué a Panamá hace tres años lo encontré enseguida. Estaba en el movimiento de los puertos, en las conversaciones de la Zona Libre, en la cantidad de idiomas que uno alcanza a oír caminando una sola cuadra de esta ciudad. Entendí pronto lo que los panameños saben desde niños, que este es un país con vocación de unir aquello que el mundo suele mantener separado. Vengo de una civilización que cree lo mismo. Ahí empezó todo.

Trabajamos con una idea sencilla, que resumí en cinco palabras. Tradiciones, comercio (trade en inglés), tecnología, turismo y talento. Las cinco T. Cada actividad de esta Embajada tuvo que caber en alguna de ellas.

Las tradiciones nos abrieron las puertas primero. El yoga, el ayurveda, la danza, la cocina y el cine de la India encontraron aquí un público que no necesitó visa, traductor ni protocolo para entender a mi país. Cada Día Internacional del Yoga en Panamá reunió a cientos de personas de todas las edades. Ninguna cumbre logra eso.

El comercio creció y se diversificó. Los medicamentos indios abaratan hoy la salud de miles de familias panameñas, y a ellos se suman vehículos, textiles, químicos y maquinaria. En sentido contrario creció el interés de la India por la madera panameña, por los servicios logísticos y por la Zona Libre de Colón como plataforma hacia toda la región. Trajimos delegaciones y sembramos contactos que darán fruto cuando yo ya no esté, porque la diplomacia comercial se parece bastante a la medicina preventiva. El resultado se ve años después y casi nunca lo ve quien lo indicó.

En tecnología quisimos compartir sin propaganda. Presentamos ante universidades, gremios y funcionarios panameños cómo funciona la infraestructura pública digital de la India, los pagos instantáneos que usan cientos de millones de personas, la identidad digital, el gobierno en línea. Lo explicamos en español, con datos y sin adornos. La India no viene a vender un modelo, viene a ofrecer una experiencia que cada país adapta a su manera.

El turismo empezó a moverse en las dos direcciones, con más panameños preguntando por la India y más indios descubriendo que este istmo es mucho más que una escala.

Y el talento fue quizá lo que más me enorgullece. Aumentamos el número de becas disponibles para panameños, y cada una de ellas es un joven que estudia en la India y regresa convertido en embajador de esta relación por el resto de su vida. Eso no se mide en cifras de comercio, pero dura más.

A esas cinco palabras se sumó algo que quisimos que se sintiera en la vida diaria de la gente. La India y Panamá firmamos un acuerdo para ejecutar veinticinco Proyectos de Impacto Rápido, obras pequeñas, concretas y visibles, del tipo que no sale en los titulares pero que cambia el día a día de una comunidad. Para mí eso es cooperación de verdad. No un comunicado, sino algo que uno puede tocar.

Y decidimos algo más desde el principio. Que esta Embajada no se quedara en la capital. Salimos a las provincias, a sus universidades, a sus gobiernos locales y a sus escuelas, porque un país no se conoce desde una oficina en la ciudad. Panamá es mucho más grande que su horizonte de torres, y quisimos que la India también lo fuera para los panameños de todo el país.

Lo marítimo merece un espacio propio, porque es la columna vertebral de este vínculo y durante años se dio por sentado. Miles de marinos indios navegan bajo pabellón panameño y buques con carga india cruzan estas esclusas todos los días. Impulsamos que ese hecho tuviera detrás una conversación institucional real entre las autoridades marítimas de los dos países, sobre registro de naves, puertos, formación y bienestar de la gente de mar. Lo digo con la sensibilidad del médico que sigo siendo. Detrás de cada contenedor hay una tripulación, y detrás de cada tripulación hay una familia esperando en algún puerto lejano.

Nada de esto lo hice solo. Lo hicieron un equipo pequeño y entregado, autoridades panameñas siempre accesibles, empresarios que se atrevieron, académicos que abrieron sus aulas, la comunidad india de este istmo que es el puente vivo de esta relación, y una prensa que le dio espacio a la India con generosidad y con rigor. A La Estrella de Panamá, “La Decana” de este continente, mi agradecimiento particular. Ese mismo compromiso lo extendí a Costa Rica y a Nicaragua, donde encontré la misma calidez.

Me llevo lo que no cabe en ningún informe. La paciencia de este pueblo, su humor, la manera en que aquí la palabra dada todavía significa algo.

En mi país decimos Vasudhaiva Kutumbakam, el mundo es una sola familia. Vine a repetirlo y me voy habiéndolo comprobado.

Un diplomático no se despide nunca de un país. Por eso no diré adiós. En hindi decimos fir milenge. Nos volveremos a encontrar.

Gracias, Panamá. Namaste.

* El autor es embajador saliente de la India en Panamá, Costa Rica y Nicaragua