Formar o improvisar: lo que Panamá debe exigir a sus técnicos

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  • 02/07/2026 00:00

En Panamá se ha vuelto una práctica aceptada (y en muchos casos necesaria) contratar técnicos extranjeros para dirigir la selección nacional de fútbol. Se trata de profesionales con trayectoria internacional, bien remunerados de acuerdo con nuestra realidad económica y conscientes de que no se pueden establecer comparaciones con los salarios que se pagan en países del primer mundo como Francia o Inglaterra. Son contextos distintos, con economías y estructuras deportivas muy superiores a las nuestras.

Hasta allí, todo parece razonable. Lo que no resulta razonable es que esa contratación no esté acompañada de exigencias claras en materia de formación y transferencia de conocimiento. Porque el desarrollo deportivo de un país no puede depender eternamente de técnicos de paso, por muy capaces que sean.

Aquí surge una pregunta clave: ¿qué gana Panamá cuando un director técnico extranjero termina su ciclo?

Si la respuesta es “muy poco” o “nada”, entonces el problema no es el técnico, sino la falta de visión de quienes administran el fútbol nacional.

Por eso, la Federación Panameña de Fútbol debería establecer como cláusula obligatoria que el segundo al mando del cuerpo técnico sea panameño. No hablamos de cargos decorativos ni de funciones menores. Hablamos de un asistente técnico con participación real en la planificación, en la toma de decisiones y en la conducción del equipo. Alguien que aprenda, se forme y esté preparado para asumir responsabilidades mayores en el futuro.

Esta medida no es nacionalismo malentendido; es sentido común institucional.

Así se construye continuidad. Así se evita comenzar desde cero cada cuatro o cinco años.

Del mismo modo, los contratos de los técnicos de la selección mayor deberían incluir la obligación de desarrollar clínicas, seminarios y programas de capacitación para entrenadores panameños, especialmente en las categorías de base. La selección no puede ser una isla. Debe ser la cúspide de un sistema formativo sólido, coherente y actualizado.

En el deporte (y especialmente en el fútbol) la formación es determinante. Un niño que inicia su proceso con un entrenador empírico o desactualizado tendrá una base frágil, poco técnica y difícil de corregir. En cambio, un entrenador bien formado multiplica el talento, ordena el juego y eleva el nivel colectivo del país.

Por eso, el debate no debe centrarse en si Thomas Christiansen se queda o se va. Esa es una discusión secundaria.

Lo fundamental es preguntarnos: ¿qué le exigimos a quien dirija nuestra selección nacional?

Si exigimos resultados, debemos exigir legado. Si contratamos experiencia extranjera, debemos exigir formación local. Y si aspiramos a un fútbol panameño sostenible, competitivo y digno, debemos entender que formar no es un lujo, es una obligación.

Panamá no puede seguir celebrando procesos que no dejan huella. El verdadero triunfo no está solo en competir hoy, sino en estar preparados para mañana.

* El autor es abogado