Galopante corrupción

Roberto Barrios | La Estrella de Panamá
  • 11/03/2026 00:00

Las autoridades de la Corte Suprema de Justicia han resuelto mantener una condena a un exdirector de la entidad que se ocupa de las becas en el país. El fallo es la decisión final de la alta corporación encargada de administrar la justicia en Panamá y que confirma la comisión de un delito contra la economía nacional; es decir una acción tipificada de corrupción y que a todas luces empaña la gestión gubernamental.

Pero este hecho y condena no son actos aislados que ocurren en la sociedad panameña. Con mucha frecuencia, los noticieros locales dan cuenta de que alguna persona que ha ejercido un puesto público ha sido detenida y se inicia un proceso de investigación para indagar sobre el posible caso de atentado contra el tesoro, mejor conocido como peculado. Procesos lentos, penosos obligan a los acusados a ‘subir y bajar escaleras’ por un tiempo.

La cantidad de estos procesos implica que algo anda mal en la misión de conducir la nave de la República. Según autoridades judiciales en 2025, las denuncias por supuesta corrupción, incluyendo peculado, aumentaron más del 70 % en Panamá. Destacan las 290 denuncias sobre el uso de fondos de descentralización (lesión patrimonial de millones) y múltiples investigaciones por enriquecimiento injustificado, con 44 personas imputadas en casos de alto perfil entre julio y diciembre.

La Procuraduría General de la Nación informó que: “a través de las Fiscalías Anticorrupción y sus diferentes secciones, que han sido reforzadas, (se) ha ejecutado en este 2025, acciones en diversas instituciones y lugares con el fin de ubicar indiciados y personas para aclarar los hechos que hayan socavado el erario público, manteniéndose en la actualidad 4,725, causas activas, se han entregado 48,617 oficios en diferentes entidades ...”

Un diario nacional cita declaraciones del Ministerio Público que dan cuenta de que “las denuncias por presuntos casos de corrupción en Panamá registraron un incremento cercano al 71 % entre enero y noviembre del 2025, en comparación con el mismo período del 2024”. Esto implica que, no obstante, el trabajo de las entidades que persiguen los delitos, en el caso del peculado, existe en Panamá una tendencia creciente.

¿Por qué persisten estos actos y conductas en quienes tienen la responsabilidad de trabajar en diferentes sitios de la esfera gubernamental? Es un delito ancestral y por lo general ligado al poder. Múltiples pensadores políticos lo han analizado y consideran que es una lacra sociopolítica cuyo desarrollo tiende a marcar una sociedad y contradice los objetivos y finalidades de la democracia.

Por ejemplo, en la antigüedad, Platón lo concibió “como la degeneración del alma humana y del Estado, derivada de la ignorancia, la búsqueda de riqueza y el exceso de libertad que lleva a la tiranía”. Según este filósofo, “la corrupción ocurre cuando la justicia y la virtud desaparecen en favor del vicio. Identificó una degradación progresiva de los regímenes: de la aristocracia (gobierno de los mejores) a la timocracia (honor), oligarquía (riqueza), democracia (libertad excesiva) ...”.

Aristóteles por su parte, planteó que “la corrupción es una desviación viciosa de la finalidad natural de la política, donde gobernantes buscan el interés privado en lugar del bien común”. Y agrega el autor de Política y Retórica, que “esta se manifiesta como la degeneración de formas de gobierno (monarquía a tiranía, aristocracia a oligarquía, ‘politeia’ (régimen político) a democracia/demagogia”.

Modernamente, Norberto Bobbio, destacado filósofo político, analizó la corrupción no solo como un ilícito económico, sino como una profunda erosión moral y funcional del Estado, a menudo vinculada a regímenes autoritarios. Opinó que “La corrupción es lo opuesto a la transparencia y la probidad necesarias para un gobierno justo, siendo un problema de justicia y sentido común, no solo económico”.

Habría que preguntarse entonces si la sociedad panameña podrá aguantar estas prácticas que se hacen cada vez más habituales en el contexto nacional. Urge que las acciones sean ejemplares y no se ceje con medidas a medias tintas, acuerdos tras los telones y sobre todo, la pérdida de los recursos que quedan en el olvido, a pesar de las necesidades que se requieren para un desarrollo equilibrado del país.

* El autor es periodista y docente