Gold Roll, Silver Roll, derroches y miserias

  • 03/09/2026 00:00

Como avancé en la columna del pasado 20 de agosto, después de haber invertido más de dos meses entre los matraqueos para conformar su Junta Directiva, el reparto de las comisiones, especialmente la de Presupuesto, que todos se pelean, finalmente, el llamado “primer órgano del Estado” ha entrado en materia, para ocuparse, ahora, de dos temas de trascendencia.

El primero, como ha venido ocurriendo en todos los años precedentes, es el gran circo presupuestario, cuyas deprimentes funciones son protagonizadas por el desfile de los mismos ministros y funcionarios que aprobaron el proyecto del Presupuesto, pero que después protagonizan las ya consabidas plañideras para reclamar que les restituyan las partidas que alegan les fueron injustamente recortadas.

El resultado de ese lamentable espectáculo que se repite como una procesión todos los años es conocido. Entre los reclamantes y los que manejan los hilos en el parlamento se concretan acuerdos en los que se transan prebendas y otros beneficios mutuos en los que el interés general se subordina a ventajas sectarias y circunstanciales.

El segundo, del que apenas hemos recibido los primeros avances que, desde ya, presagian el otro gran circo, son las reformas electorales. Como era de esperar, pues no era ningún secreto, los triunviros de la llamada Plaza de la Democracia, con la obsecuencia que siguen rindiendo a las camarillas electorales han vuelto a dejar en evidencia que lo que menos les importa es contribuir a que en nuestro país exista una auténtica democracia, en la que la voluntad mayoritaria del pueblo sea respetada. Ninguno de los privilegios que les aseguran a las cliques partidarias su control de los eventuales resultados de los próximos comicios será, ni remotamente arañado. Seguirán recibiendo los monstruosos subsidios que ahora remontarán a bastante más de 100 millones y los mecanismos para que puedan asegurarse la mayoría de las curules parlamentarias, las alcaldías y representaciones de corregimiento, antes que limitados serán reforzados.

En este tema específico, lo prudente y democrático, sería que la consideración del “paquete de nuevas reglas electorales”, que de tales no tienen nada, primero se divulgue ampliamente para que sea conocido y analizado en todos los foros y, segundo, que se posponga su discusión en la Asamblea para las primeras sesiones ordinarias del próximo año.

A la par del tema presupuestario, en la Asamblea también se ha dedicado un tiempo considerable a la discusión, en una denominada “Comisión Técnica”, del proyecto 491, pendiente del tercer debate. Su suerte final, por incierta y precedida presagios negativos para nada alienta optimismos. Lo paradójico que aflora de lo que ocurre en esas dos instancias, es que mientras, en la susodicha comisión se enfrascan en arañar centavos por acá y por allá, para aumentar las pensiones miserables que reciben más de 100,000 personas, en las “vistas presupuestarias”, todos días afloran los privilegios de que gozan sectores y funcionarios selectos.

En principio, parece razonable que se proponga nivelar o restringir, por ejemplo, las dietas que se pagan por asistir a las diferentes juntas directivas. Pero no puede menos que escandalizar que mientras se propone que nadie cobre más de 100 balboas por asistir a una reunión de junta directiva, por el otro, nadie se escandalice de que existan dietas de más de 1,000 balboas, exactamente, de 1,380 (iguales a el salario de un día del administrador del Canal), por reunión, de las que celebran 4 al mes, pagadas a los miembros de la Junta Directiva del Canal.

Todos los años, cuando en la Asamblea Nacional se discute el proyecto del Presupuesto, tiene lugar un circo en el que danzan miles de millones y también queda en patente evidencia que su análisis y discusión están muy lejos de ser serios o de que existan propósitos de enmienda. Allí queda, patéticamente demostrado que no hay la más mínima intención de poner orden en las finanzas públicas. Allí se ratifican privilegios y la opulencia, propios del antiguo “gold roll”, de nuestro período de subordinación colonial; se sigue consagrando un “silver roll” que, aunque está situado por debajo del anterior, está en niveles estratosféricos, a años luz, de la miseria que padecen los estratos más desamparados de nuestra población, con alarmantes porcentajes de extrema pobreza, que castiga a más de 250,000 niños y niñas.

Panamá, así lo ratifican informes de indiscutible veracidad, se disputa el deshonroso honor de ser uno de los países más desiguales del mundo. Y mientras no tomemos conciencia de que esa es una lacra que no pueden disfrazar los cantos de sirena y los espejismos que, a costos millonarios, se siguen propagando de las esferas oficiales, nuestro futuro será cada día más incierto y, hasta explosivamente peligroso.