¡Hay que barajarla más despacio!

Archivo | La Estrella de Panamá
  • 17/09/2026 00:00

Por un lado, cuando asumió el cargo, Mulino dijo, palabras más palabras menos, y calificándola como “la reforma más profunda del Estado” y como “una de sus decisiones más trascendentales y el legado más grande de su gobierno”, que “impulsaría una Asamblea Constituyente” para dotar el país de “una nueva Constitución”. También dijo, al precisar el cronograma de su proyecto, que la futura Constitución entraría a regir “después de las elecciones del 2029”, con “el objetivo de que su sucesor presidencial jure su cargo ante la nueva Constitución”.

Por otro, y para ser consecuentes con ese cronograma, ajustándose estrictamente a las “pautas presidenciales”, los triunviros electorales, repitiendo la que ha sido su reiterada práctica de muchos años, más rutinaria que productiva, organizaron y presidieron las reuniones de la denominada “Comisión Nacional de las Reformas Electorales”, producto de la cuales y después de más de un año de reuniones y de los consabidos “refinamientos conceptuales y gramaticales”, es “el paquete de las reformas” que ahora, como están reportando los medios de comunicación, están siendo discutidas en la Asamblea Nacional.

Ese “paquete de las nuevas reformas electorales”, como no podía ser de otra manera, con elemental sentido lógico, fue concebido y responde a las normas rectoras que, en materia electoral, existen en los textos constitucionales vigentes; pero toda esa secuencia y el que debiera ser su normal transcurso, ha sido sacudido por los “nuevos lineamientos emanados desde la sede de San Felipe”. Un vocero presidencial, al que hay que suponer que está en sintonía con su jefe y creador de su cargo, se ha desmarcado abiertamente de la línea y el cronograma anunciado por aquel, al anunciar y publicar que las próximas elecciones se realizarán bajo las reglas de la proyectada “nueva constitución”, pues, de acuerdo a un nuevo cronograma, esta “será aprobada, promulgada y entrará a regir, antes de los comicios del 2029”.

La contradicción entre lo que originalmente prometió Mulino y lo que ahora anuncia su vocero no puede ser más evidente. Uno dijo que la eventual constitución entraría a regir después de las elecciones del 2029 y el otro dice que será antes y que las elecciones se celebrarán de acuerdo con esta. Ante este monumental desencuentro, que no es un asunto menor y, por tanto, no debe demorarse su aclaración, viene muy a cuenta preguntar: ¿En el barco, manda el capitán o mandan los marineros?

Pero no solo se trata de definir jerarquías; también hay que aclarar ¿cuál es la suerte del proyecto que “con tanto esfuerzo y dedicación” prepararon los triunviros electorales? Si se mantendrá el rumbo marcado por Mulino cuando asumió el cargo, la discusión del actual proyecto de las reformas electorales debe continuar. En cambio, si la nueva estrategia presidencial será la anunciada por su vocero, ¿qué sentido tendría seguir gastando tiempo en discusiones que se quedarían sin piso constitucional?

Como hay que presumir que los rectores del Tribunal Electoral no son ajenos al desbarajuste que introduciría un cambio de la estrategia presidencial en el tema constitucional, a ellos y a los partidos políticos que junto con ellos armaron el nuevo mamotreto de las reformas electorales les corresponde ser los primeros en subir a la palestra para “desfacer el entuerto”.

Como mínimo, a los diputados que han estado invirtiendo “sus esfuerzos” en discusiones y negociaciones para concentrarse en como “acomodar los circuitos electorales”, lo que parece ser su mayor preocupación, bien les convendría hacer un alto en esta “comedia de los errores” y abrir un debate para “aclarar las aguas” e invertir mejor sus preocupaciones.

Por nuestra parte, los electores debemos mirar con lupa y la mayor atención como se desenvuelve esta nueva versión de nuestro circo político y comenzar a ubicar dónde hay atisbos de sentido común y de preocupación patriótica, para, cuando llegue el momento, escoger y decidir por quienes votaremos en el 2029.

Como en el juego de las cartas, todas las barajas deben estar en el mazo a la hora de repartirlas y no es de recibo guardarse comodines en la manga.

* El autor es abogado