Impunidad acústica: Menos decibeles y más sentido común

Pixabay
  • 01/08/2026 00:00

Todos hemos vivido esa historia: medianoche de un día de semana, una bocina gigante retrumba contra las paredes del vecindario, el perro no para de ladrar y un adulto mayor o un niño intentan en vano conciliar el sueño. Al llamar a las autoridades, la respuesta suele ser la misma: impotencia o silencio.

En Panamá, la contaminación acústica dejó de ser un simple problema de vecinos desconsiderados para convertirse en una forma de violencia cotidiana que destruye la salud y la convivencia. Hoy en día, el control del ruido depende del Decreto Ejecutivo 306 de 2002 y del Acuerdo Municipal 141 de 2014 (reglamentado por el Decreto Alcaldicio 002-2025). Estas normas fijan límites de 55 decibeles de día y 50 de noche. Suena bien en el papel, pero en la calle es un rotundo fracaso administrativo.

La trampa del ‘peritaje técnico’

Someter la paz de un barrio a la medición de decibeles es regalarle impunidad al infractor. Exigir que un inspector llegue de madrugada con un sonómetro calibrado para comprobar lo que toda la calle ya escucha y padece, es una burla. Al final, los expedientes mueren en la Justicia de Paz entre tecnicismos, mientras las comunidades quedan secuestradas por los parkings, la música a todo volumen, las hidrolavadoras o las demoliciones fuera de horario.

Se nos olvida que el descanso no es un lujo; es un derecho. Alterar el sueño de un anciano afecta su salud y encaja como maltrato por omisión institucional (Ley 36 de 2016 de Protección al Adulto Mayor). De igual forma, privar a un niño de dormir o estudiar en paz vulnera de lleno su derecho a un desarrollo sano (Ley 285 de 2022 de Garantías de la Niñez).

¿Cómo lo resuelven otros países? En lugares como Alemania no se andan con rodeos ni buscando aparatos de medición a las tres de la mañana. Aplican el principio de las Ruhezeiten (Franjas de Silencio). Allí la falta no depende de cuántos decibeles marque un reloj, sino de la conducta: si dentro de las horas de descanso rompes el silencio con ruido pesado o música, estás en falta. Punto. La infracción es objetiva porque la molestia es evidente.

Una propuesta realista para Panamá

Debemos dejar atrás el mito de la medición técnica y avanzar hacia el principio de afectación sensorial directa. Necesitamos una reforma clara con tres cambios urgentes:

1. Franjas de silencio intocables. Definir por ley horarios estrictos de descanso nocturno, además de franjas protegidas los domingos y días feriados. El derecho de la gente a descansar en su casa debe estar siempre por encima del desorden de unos cuantos.

2. Policía con capacidad de actuar. La Policía Nacional debe tener la facultad legal de sancionar o citar en el acto. De nada sirve una norma si el oficial que llega al lugar solo puede “hacer un llamado de atención”.

3. Multas con impacto social. Sanciones económicas severas, donde un porcentaje de lo recaudado se destine directamente a asociaciones que apoyan a personas con discapacidad, programas para la tercera edad y protección de la infancia.

No necesitamos más burocracia ni más sonómetros guardados en un escritorio. Necesitamos reglas claras donde el sentido común y la tranquilidad de nuestras familias primen sobre la prepotencia. Es hora de apagar el ruido de la impunidad y sancionar a los matones que operan en las sombras del derecho y violan los derechos humanos.

* El autor es docente universitario