India y Panamá: dos democracias, dos océanos, un mismo destino

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El ministro de Relaciones Exteriores Javier Martínez-Acha Vásquez, y el director general de Transporte Marítimo de la India, Shyam Jagannathan, estrechan sus manos tras reunirse este lunes, en Nueva Delhi. Cedida | MIRE
  • 20/07/2026 12:27

Hay pueblos que nacen para enseñar al mundo y otros que nacen para conectarlo.

India pertenece al primer grupo. Panamá, al segundo. La historia, sin embargo, suele premiar aquellos momentos en que las naciones descubren que sus destinos, aunque separados por miles de kilómetros, estaban llamados a encontrarse.

Mi visita oficial a la República de la India representa precisamente ese momento. No llegamos únicamente para fortalecer relaciones diplomáticas. Venimos a reencontrarnos con una amistad que hunde sus raíces en algunos de los capítulos más nobles de la historia contemporánea y a proyectarla hacia el futuro, en una época en la que la conectividad ya no solo une océanos, sino también datos, conocimiento, innovación y talento.

Panamá recuerda con gratitud que India fue una de las grandes voces morales del Movimiento de los Países No Alineados. Desde Bandung hasta Belgrado, la diplomacia india defendió principios que hoy siguen siendo esenciales: la igualdad soberana de los Estados, la autodeterminación de los pueblos y el respeto al derecho internacional.

Esos mismos principios inspiraron durante décadas la legítima aspiración del pueblo panameño de ejercer plenamente su soberanía sobre el Canal de Panamá. India comprendió que aquella causa trascendía nuestras fronteras. Era la afirmación de que ningún país, por pequeño que fuera, debía renunciar a decidir libremente sobre su propio destino.

Los panameños no olvidamos esa solidaridad. Hoy, cuando el mundo vuelve a atravesar profundas transformaciones geopolíticas, aquella visión conserva plena vigencia. La independencia ya no se mide únicamente por el territorio o los recursos naturales; también se mide por la capacidad de innovar, producir conocimiento y participar activamente en la construcción del orden internacional.

En ese escenario, India se ha convertido en una de las grandes potencias intelectuales del siglo XXI. El país que regaló al mundo el concepto del cero, que hizo de la filosofía una forma de comprender la existencia y que formó generaciones de científicos e ingenieros capaces de liderar la revolución tecnológica mundial, es hoy una referencia indispensable en inteligencia artificial, computación avanzada, innovación digital, exploración espacial, biotecnología y emprendimiento tecnológico.

Las instituciones académicas de la India, particularmente los Indian Institutes of Technology, constituyen un ejemplo para todos aquellos países que entendemos que la riqueza del futuro no se extrae de las minas, sino que se cultiva en las universidades, los laboratorios y los centros de investigación.

Panamá desea aprender de esa experiencia. Nuestro país aspira a construir con India una alianza basada en el intercambio de conocimiento, la cooperación científica, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la transformación digital, la innovación logística, las energías limpias, la industria farmacéutica y la economía del conocimiento.

Pero también ofrecemos algo que muy pocos países pueden ofrecer. Panamá no es únicamente el Canal. Es el gran centro de conectividad del hemisferio occidental.

Desde nuestro territorio convergen rutas marítimas que enlazan los océanos Atlántico y Pacífico; plataformas logísticas que abastecen América Latina y el Caribe; uno de los registros navales más importantes del mundo; un centro financiero internacional; una infraestructura aérea que conecta el continente; y una economía orientada al comercio global.

Si India conecta talento con innovación, Panamá conecta mercados con oportunidades. Si India es una puerta hacia Asia, Panamá es la puerta natural hacia las Américas.

En la nueva economía digital, donde los datos circulan con la misma intensidad que las mercancías, esta complementariedad adquiere un valor estratégico extraordinario.

Las empresas indias encontrarán en Panamá mucho más que un centro logístico. Encontrarán una plataforma para proyectar su innovación hacia más de seiscientos millones de consumidores del continente americano.

Encontrarán un socio confiable, estable y profundamente comprometido con el comercio abierto, la seguridad jurídica y la cooperación internacional.

Esta relación, además, ya tiene un rostro humano. Desde hace muchas décadas, la comunidad de origen indio forma parte inseparable del tejido social panameño.

Llegaron como comerciantes, emprendedores y visionarios. Hoy son empresarios, profesionales, médicos, ingenieros, educadores y ciudadanos respetados que han contribuido decisivamente al desarrollo económico y social de Panamá.

Su historia demuestra que la amistad entre nuestras naciones comenzó mucho antes que muchos acuerdos oficiales. Comenzó en las familias, en los pequeños comercios, en el esfuerzo cotidiano y en la confianza compartida.

Ellos constituyen uno de los puentes más sólidos entre nuestros pueblos. Mi visita oficial a la India representa también el inicio de una nueva etapa política.

Aspiro a que este viaje sea el prólogo de una futura visita oficial del Presidente de la República de Panamá, José Raúl Mulino Quintero, a la mayor democracia del planeta.

Y confío igualmente en que Panamá tenga el honor de recibir próximamente al Primer Ministro Narendra Modi en el país que, por su privilegiada posición geográfica y extraordinaria conectividad marítima, aérea, logística, financiera y digital, constituye uno de los centros estratégicos más importantes del hemisferio occidental.

Sería un encuentro entre dos democracias vibrantes. Entre dos economías abiertas al mundo. Entre dos naciones que comprenden que el progreso se construye mediante el comercio, la educación, la innovación y la cooperación.

El siglo XXI demanda nuevos puentes. Panamá sabe construirlos sobre los océanos. India sabe construirlos entre las ideas. Y cuando una nación que inspira se encuentra con una nación que conecta, el resultado puede transformar regiones enteras. Porque las grandes alianzas no nacen únicamente del interés.

Nacen del respeto. De la confianza. Y de la convicción de que el futuro pertenece a quienes son capaces de construir juntos.

India y Panamá, dos mares, una amistad.

Desde el Ganges hasta el Istmo,

va viajando una ilusión;

un océano responde

al llamado del otro mar.

India escribe con estrellas,

Panamá abre el canal;

una siembra conocimiento,

la otra lo hace navegar.

Una guarda antiguas voces

que aprendieron a pensar;

la otra une continentes

sin dejar de dialogar.

Una inmensa por su pueblo,

otra grande por su lugar;

pero nunca la grandeza

se ha medido al comparar.

Porque el mapa pone distancias,

el espíritu, vecindad;

y los pueblos que creen juntos

vencen toda inmensidad.

Que florezcan nuevos puentes,

nuevos sueños sobre el mar;

que la amistad entre India y Panamá

sea un rumbo sin final.

Dos banderas, dos historias,

una misma voluntad:

que el mundo avance unido

por la paz y la libertad.

Con el previo contexto poético, y en complicidad de propósitos, es imperativo la reforma de la arquitectura de la gobernanza global ya que esta no puede seguir siendo una aspiración postergada.

El sistema internacional debe reflejar las realidades políticas, económicas y demográficas del siglo XXI, y no las circunstancias de 1945.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas requiere una transformación que fortalezca su legitimidad, representatividad y capacidad de respuesta.

Resulta difícil concebir una reforma auténtica sin la incorporación de la India como miembro permanente, en reconocimiento a su condición de la democracia más grande del mundo, su creciente liderazgo económico y tecnológico, y su contribución constante a la paz y al desarrollo internacional.

Del mismo modo, América Latina y el Gran Caribe, una región de más de seiscientos millones de habitantes, comprometida históricamente con el multilateralismo, el derecho internacional y la solución pacífica de las controversias, no pueden continuar sin una representación permanente en el principal órgano encargado de preservar la paz y la seguridad internacionales.

Un Consejo de Seguridad más inclusivo no sería únicamente más justo; sería también más eficaz, más legítimo y más representativo del mundo que hoy compartimos.

Namaste, La divinidad que habita en mí pais saluda a la divinidad que habita en India.

* El autor es ministro de relaciones exteriores de la República de Panamá