La arquitectura del proceso: tiempos y transparencia en la selección del Secretario General de la ONU
- 08/04/2026 00:00
En el debate sobre la sucesión en la Secretaría General de las Naciones Unidas, la atención suele concentrarse en los perfiles y las visiones de los candidatos, sin embargo, existe una dimensión menos visible, pero igualmente determinante: la estructura del proceso que conduce a la selección, este entramado procedimental que es clave para alcanzar el consenso necesario en la selección de quien ocupará el “cargo más imposible del mundo”.
El mecanismo vigente, sustentado en el artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas y en la Resolución de la Asamblea General 79/327, combina apertura con espacios de deliberación reservada. En los últimos años, una parte significativa de las reformas impulsadas por la Asamblea General de la ONU ha estado orientada a fortalecer la transparencia del proceso de selección, en línea con las demandas contemporáneas de apertura en la actuación de los gobiernos.
La publicación de cartas conjuntas de la Presidencia de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad, dirigidas a los Estados Miembros el 25 de noviembre de 2025, marcan el inicio del proceso; la comunicación de candidaturas y la organización de diálogos interactivos en la Asamblea General constituyen hitos visibles de un procedimiento que, progresivamente, ha incorporado elementos orientados a ampliar la interacción con los candidatos y el acceso público a la información.
Sin embargo, este impulso debe compatibilizarse con el funcionamiento de una organización cuyo principio rector es el equilibrio entre regiones y realidades del mundo. La noción de mayor visibilidad en el proceso no es uniforme: mientras en algunos contextos se exige la máxima difusión de la información como garantía de legitimidad, en otros se privilegia la discreción como herramienta práctica para facilitar acuerdos.
Es importante reiterar que el Consejo de Seguridad mantiene su rol central en la fase decisoria mediante consultas internas cuyo funcionamiento, por su propia naturaleza, no es público. Además, no existe un procedimiento formal ni calendario establecido para la presentación de candidaturas; este procedimiento se ha ido definiendo y adaptando en cada ocasión.
Esta coexistencia de etapas responde a un principio intrínseco de la diplomacia: la discreción, concebida como un medio para preservar los espacios necesarios en la construcción de acuerdos políticos, así como proteger la integridad de la imagen pública de los candidatos durante el proceso de selección.
La evolución reciente del proceso ha mostrado también cómo se entrelazan los aspectos técnicos y políticos. El respaldo –o retiro– de las candidaturas por uno o varios Estados proponentes, así como la revisión de los apoyos por parte de otros Estados, demuestra que los países ajustan sus posiciones según sus intereses internos o su política exterior. Lejos de ser excepciones, estos movimientos forman parte del funcionamiento natural del sistema internacional.
La deliberación reservada del Consejo de Seguridad refleja la lógica de un sistema donde la construcción de consensos depende de la negociación entre los Estados Miembros, tanto en los espacios formales en Nueva York, como en las capitales y foros donde se articulan las posiciones nacionales. Por ello, es imperativo centrar los esfuerzos en atender los cuestionamientos que enfrenta la Organización y en observar cómo una institución de alcance universal combina principios con procedimientos. En este sentido, el proceso de selección del Secretario General no es de los principales motivos; lo verdaderamente significativo es la creciente tendencia de algunos Estados a apartarse de los marcos consensuados, lo que debilita el multilateralismo.
Este debate sobre la arquitectura del proceso de selección del Secretario General permitirá observar hasta qué punto las herramientas que se introduzcan para mayor transparencia logren consolidarse como prácticas sustantivas o si, por el contrario, si por razones que pueden ser legítimas, permanecen en el ámbito de lo declarativo.
Conforme a lo anunciado por la Presidencia de la Asamblea General, en la última semana de abril iniciaran los diálogos interactivos con los Estados Miembros. En este contexto internacional inestable, con posiciones que cambian rápidamente, el proceso será un termómetro del estado del multilateralismo. Conviene seguirlo de cerca: en estos espacios, todo puede pasar.