La cancha inclinada: la igualdad percibida no es igualdad sustantiva
- 09/04/2026 00:00
Marzo fue un mes con muchos eventos, reconocimientos y visibilización de liderazgos y de barreras que aún persisten para la igualdad de género. En uno de esos eventos, comentaba sobre la realidad que viven muchas mujeres que no pueden acceder a un trabajo formal porque el colegio de sus hijos está en construcción y ellos deben estudiar en casa por módulo, no tienen quien los cuide, por lo que deben permanecer en casa o generar un emprendimiento para su autoempleo.
Esta historia no es excepcional. Y ocurre en una región que, hablando en idioma del mundial de fútbol, si lo ves desde las gradas parece haber avanzado bastante: hay más mujeres estudiando, trabajando y liderando que nunca. ¿Pero jugamos en la misma cancha? Basta bajar al campo para notar algo incómodo: la grama no está tan nivelada como parece, tiene algunos baches. La percepción de igualdad convive con una realidad que todavía está lejos de ser pareja.
Sí hemos avanzado. Hoy, las mujeres latinoamericanas acceden a la educación en niveles sin precedentes, en varios países superan a los hombres en títulos universitarios y ocupan posiciones de liderazgo político y empresarial. Visto así, el marcador parece que avanzó.
Ese progreso es real y fruto de décadas de movilización, reformas legales y cambios culturales. Pero la fotografía de los logros no muestra la película completa. Que haya más jugadoras en la cancha no significa que el terreno esté nivelado.
Cifras que muestran de qué tamaño es el desnivel:
•Según la OIT, en 2023 la brecha salarial de género en América Latina fue de casi 20%. El Banco Mundial señala que las mujeres ganan, en promedio, 70 centavos por cada dólar que ganan sus colegas hombres.
•Según la CEPAL, las mujeres dedican al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado tres veces más horas que los hombres. Esa es la razón estructural por la que muchas “eligen” no postularse a cargos de mayor responsabilidad. No es falta de ambición: es pobreza de tiempo.
•Según el estudio 2025 de la Asociación de Directoras de Panamá (ADP), las mujeres representan apenas el 25.57% de los miembros de juntas directivas de empresas reguladas, mientras la ley 56 de 2017 establece que el 30% debió cumplirse en 2019.
•Según el informe Women, Business and the Law 2026 del Banco Mundial, las mujeres solo gozan del 64% de los derechos legales que tienen los hombres.
A pesar de estas cifras, ha crecido el porcentaje de personas que perciben que ya existe igualdad de género. Una razón es que muchos miran solo los casos excepcionales: ven a una mujer presidenta o CEO y generalizan desde ahí. Otra, que cualquier corrección de una desigualdad histórica se percibe como pérdida para quienes estaban mejor posicionados. También influye el cansancio: es tentador declarar el partido terminado y decir “empate”, incluso cuando las estadísticas cuentan otra historia.
Las políticas públicas son un gran igualador estructural, pero está demostrado que no basta con leyes, necesitamos que las mismas se implementen junto a transformaciones culturales y presupuesto. Una política pública que ha demostrado ser un gran nivelador de la cancha son los Sistemas Nacionales de Cuidado, que reconocen el trabajo reproductivo como corresponsabilidad social, no como responsabilidad privativa de las mujeres, lo que permite que ellas no tengan que elegir entre carrera y familia. Las licencias de paternidad reales redistribuyen la carga de cuidado. Las cuotas y metas de paridad, cuando van acompañadas de mecanismos de seguimiento, aceleran cambios que de otro modo tomarían décadas. No es casualidad que los países con mejores indicadores de igualdad sean los que tienen sistemas de cuidado más robustos. Si seguimos a este ritmo, según el Foro Económico Mundial, tomará 123 años lograr la igualdad de género. Me parece un plazo inaceptable, no quiero perder la esperanza.
Para acelerar el marcador, el sector privado también juega un rol fundamental: revisar datos del personal por género, auditar procesos de selección para identificar sesgos, implementar esquemas de trabajo flexible y formar liderazgos que no toleren la violencia ni el acoso. No se trata de trato preferencial o una cancha especial para mujeres, sino de que las reglas se apliquen de forma justa y se corrijan las desventajas estructurales, que siguen afectando a las mujeres.
El resto del año conversemos sobre qué baches seguimos normalizando y quién define las reglas de la cancha. Mientras medio equipo siga jugando cuesta arriba, no solo perdemos oportunidades para nuestro capital humano, sino también la posibilidad de crecer económicamente el PIB global. Cuando Estado y sector privado juegan en el mismo esquema táctico, la igualdad deja de ser un discurso de marzo y se convierte en política de desarrollo sostenible