La crisis de legitimidad y la salida constituyente (V)
- 19/01/2026 00:00
"Todas las reformas son plausibles pero resultan insuficientes. Pues, lo cierto es que la Carta Magna de Panamá requiere de transformaciones profundas; o, en otros términos, el país necesita una nueva Constitución". (César Quintero - septiembre 1995). Decía -en mi artículo anterior- que debemos los ciudadanos proceder a llevar a cabo, una real, efectiva y decidida reingeniería, reestructuración y reinstitucionalización del Estado. Ello conlleva hacer lo que no estamos haciendo con voluntad y decisión: combatir la corrupción la cual no ha cesado de aumentar... Este mismo diario, en su edición del jueves 15 de enero del corriente, señala a raíz de una encuesta: “Aunque la corrupción se mantiene como un problema estructural, el alto costo de la vida y la falta de empleo pesó en la percepción ciudad, reflejando una presión económica creciente que reordena las prioridades y el ánimo de los panameños”.
Como un botón de muestra: el bochornoso espectáculo brindado por autoridades universitarias y su barra de fanáticos en la Asamblea Legislativa la semana pasada, así como las iracundas intervenciones de diputados del PRD, en torno a la discusión de un proyecto de ley para no permitir la reelección inmediata en las universidades públicas, resulta ser sin duda, una manifestación abierta para mantener a estas sujetas al anti-academicismo, al clientelismo, al nepotismo y a la creciente corrupción que hoy día asfixia, de una u otra manera, a todas las instituciones educativas del sector público de enseñanza superior.
Si la educación es vejada y maltratada sin piedad, solo para salvar el botón que significan las universidades públicas como cuartel de invierno de figuras cuya mediocridad es notoria, ¿qué se puede prever será la actitud hacia otras áreas de la cosa pública?
Esta última semana, por ejemplo, hemos visto cómo la crisis de legitimidad también se profundiza por los lados del Tribunal Electoral donde sus magistrados, en contubernio con la partidocracia que está sumida en un profundísimo descrédito, puesto que viven completamente al margen de la sociedad que dicen representar, pretenden seguir mangoneando a los ciudadanos con sus reformas electorales, que no son otra cosa que más de lo mismo, de los mismos, con las mismas.
La crisis de legitimidad existente, y que ya dura desde hace décadas, no cesa de aumentar como lo demuestran los acontecimientos cotidianos y la manifiesta incapacidad de poder atacar las raíces de los problemas, dado que las actuales estructuras jurídicas, económicas y demás, no lo permiten pero, tampoco es que exista voluntad de los factores reales de poder para dar los pasos necesarios para prepararnos para el cambio necesario, antes que ya sea demasiado tarde.
Debemos todos los ciudadanos de todos los sectores sociales, económicos, políticos y demás, prepararnos, organizarnos y llevar adelante la tarea de alcanzar -pacíficamente-, la salida más democrática, participativa y progresista: la de una Asamblea Constituyente. Sin una nueva Constitución no habrá ni apertura democrática, ni tampoco democracia.