La desigualdad tiene rostro de mujer y el Estado lo sabe
- 25/01/2026 00:00
Érase un jueves cuando un periodista le pregunta al presidente de la república: la CEPAL ubicó a Panamá como el país más desigual de la región... le preguntó: ¿su gobierno se va a dedicar a reducir la pobreza o a reducir la desigualdad?
Cuando el presidente Mulino respondió al periodista que atacaría “ambas”, la pobreza y la desigualdad, dijo lo que cualquier planificador de Estado diría. Es la respuesta técnicamente correcta.
Mientras la CEPAL distingue entre pobreza (carencia de recursos) y desigualdad (distribución), hoy enfatiza un método multidimensional que mide privaciones en derechos básicos como agua, salud y educación. Bajo esta métrica, el Índice de Feminidad de la Pobreza en las Américas es contundente: por cada 100 hombres en hogares pobres, hay 113 mujeres. Ante esta realidad, Sonia Montaño, de la División de Asuntos de Género, sostiene que el Estado mantiene una “deuda de cuidado” histórica con las mujeres, quienes sostienen la base del bienestar sin remuneración ni apoyo institucional.
Hoy mientras escribo este artículo, está siendo discutida la eliminación del Ministerio de la Mujer, en la Asamblea Nacional. ¡Imagínense! el presidente JR Mulino, le dijo al periodista que reduciría la pobreza y la desigualdad y a cambio elimina el Ministerio, resaltando así la “feminización de la pobreza”.
Esta frase fue acuñada desde 1978 por la socióloga Diana Pearce, quien demostró que la pobreza en Estados Unidos se concentra desproporcionadamente en las mujeres, especialmente en las jefas de hogar.
Ese Ministerio también debe gestionar un Sistema Nacional de Cuidados, algo que los economistas modernos ven como el “motor” que permitirá que las mujeres se incorporen plenamente a nuestra economía formal. Sin impulsar políticas de cuidado, no se puede salir al mercado laboral.
El Banco Mundial (BM) habla de justicia, pero también de eficiencia económica. Indica que cuando las mujeres ganan más, invierten el 90 % de sus ingresos en su familia (salud y educación), a diferencia de los hombres que invierten entre el 30-40%. El BM sostiene también que la brecha de género le cuesta al mundo cerca de 172 billones de dólares en pérdida de capital humano, mientras que economistas como Mercedes D’Alessandro, autora de Economía Feminista, explica que esta desigualdad es el “bache” que impide que la macroeconomía funcione.
El “Techo de Cristal” académico, a pesar de que las mujeres son mayoría graduándose de la UP, su inserción en el mercado laboral es menor. Según estudios publicados en la revista Cuadernos Nacionales de la UP, la “desigualdad tiene rostro de mujer” en Panamá, debido a falta de políticas de apoyo que permitan conciliar el estudio/trabajo con la maternidad.
No se trata de ideologías, sino de eficiencia pública. Datos del CIEPS revelan que en Panamá el 98 % de quienes no pueden integrarse al mercado laboral por responsabilidades familiares son mujeres. ¿Cómo podemos hablar de crecimiento económico si mantenemos atada a la mitad de nuestra fuerza laboral? El MINSA ya alerta sobre el deterioro de la salud mental femenina por esta sobrecarga.
Eliminar el Ministerio de la Mujer no es sanear las finanzas; es amputar el órgano encargado de diseñar la infraestructura social necesaria para que las mujeres dejen de ser estadísticas de pobreza y sean motores de la economía formal.
Es dejar el machismo en “piloto automático”, perpetuando la cultura del “hombre proveedor/ padre ausente y mujer cuidadora”. La data del INEC es clara: la brecha en el uso del tiempo ancla del desarrollo femenino. Sin una institución que promueva leyes de corresponsabilidad y licencias de paternidad reales, seguiremos permitiendo que el hombre sea un invitado en su propio hogar y la mujer una prisionera de las tareas domésticas. No se trata de forzar, sino de educar y legislar para que el cuidado sea un derecho humano, no una carga de género.
Señor presidente, si la meta es atacar la pobreza y la desigualdad, no solo mantenga el Ministerio de la Mujer sino dótelo de recurso financiero y humano como herramienta para corregir su diseño estructural. El Ministerio tiene mucho trabajo por hacer aún. Panamá no puede permitirse el lujo de dejar a sus mujeres atrás.