La educación de ‘antes’ y la educación de ‘ahora’
- 15/03/2026 00:00
Me eduqué bajo el paraguas de un esquema educativo en el cual la autoridad del docente dentro del aula era tan importante o más que la propia transmisión de conocimientos.
El castigo era parte del quehacer cotidiano en el plantel y todo esto bajo la aprobación de los propios padres de familia.
Tuve maestros que eran verdaderos tiranos pero creyentes de la filosofía imperante de que la “educación con sangre” entra más rápido.
Si nuestros padres recibían quejas del maestro también nos esperaba en la casa una tanda de “correazos” y castigos “ejemplares”.
Hubo muchos episodios que me parecían injustos como el hecho de que si alguien hacía una travesura y el maestro no daba con el culpable entonces todo el salón resultaba castigado.
Los padres de familia veían en el maestro como un sustituto de la disciplina en la escuela.
Hubo muchos aspectos positivos en ese periodo como por ejemplo que los educadores en el pueblo donde hice parte de la primaria visitaban nuestras casas para conversar con nuestros acudientes sobre los avances nuestros en la escuela.
Muchos años después me tocó trabajar como educador en un colegio católico y puedo dar fe de diferentes periodos en la evolución de los esquemas educativos.
Durante los primeros cinco años como docente en aquel colegio todavía los padres de familia enviaban a sus hijos para que la escuela los “moldeara” en cuanto a la disciplina.
Luego hubo una especie de quiebre con la llegada de nuevas filosofías educativas en la cual el docente dejaba de ser el juez autoritario para convertirse en un facilitador.
Con ello también aparecieron leyes que castigaban a los padres que maltrataban a sus hijos y ni hablar de los educadores.
Surgió también un grupo de padres de familia con una especie de “amor protector” hacia todo lo que pudiera lastimar en el aula a sus hijos, llegando incluso a los enfrentamientos con los educadores.
Algunos padres de familia con niveles académicos incluso más altos que los maestros se creían con el derecho de cuestionar la metodología de enseñanza tanto de la escuela como la de los educadores.
Contrario a nuestros padres colaboradores con la enseñanza que impartían los maestros, muchos de los actuales padres de familia han tomado distancia de la escuela como si no existiera un vínculo tanto del hogar como el centro escolar.
Si en una época nuestros acudientes nos preguntaban “¿qué hiciste en la escuela?”, ahora cuestionan : ¿qué te hizo el maestro?
O sea, nos hemos ido a extremos que resultan perjudiciales para el proceso educativo pues la parte que tiene que ver con la actitud en cuanto a valores y disciplina se ha ido desvaneciendo.
En casa, los muchachos en muchos casos son los que dictan las reglas en lugar de ser el adulto que se ha vuelto permisivo.
En mi época, nuestro interés era ser como nuestros padres, sin embargo, hoy día muchos padres quieren ser como sus hijos incluso imitando la moda de los mismos.
No sé trata de volver al pasado y retomar la enseñanza de hierro de nuestros maestros y padres, pero tampoco es edificante confundir el amor con la protección exagerada que son dos aspectos bastante diferentes.
Si ahora la comunidad educativa también está integrada por los padres de familia, resulta que en varios casos son los abuelos o tíos los que reemplazan al Padre y a la madre agregando un tinte de falta de integración sana y constructiva.
Si el objetivo de la educación es el alumno, los mismos tienen que percibir que hay armónica colaboración entre los padres de familia y los educadores, de lo contrario estaríamos enviando un mensaje poco edificante para nuestra juventud que tanto necesita de modelos positivos.