La educación no puede esperar

  • 01/02/2026 00:00

En los últimos días hemos podido notar un interés bastante marcado por el tema de la educación en Panamá. Esto denota que ya hay quienes se han percatado que, más que un espectacular país con gran posición geográfica, de mucha tradición y con mucha historia, se requiere una nación con una población debidamente educada.

Quiero destacar un evento organizado por la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas (Apede), la semana pasada, donde se plantearon medidas urgentes para que nuestro país no se quede en una “prehistoria educativa”, con la participación de algunos personajes que pueden y deben hacer el respectivo ajuste. Esto es un hecho significativo, pues confirma que los empresarios, bajo una dinámica dirección, reafirman que se requiere hacer estas modificaciones que los nuevos tiempos demandan.

Posterior a este evento vimos otro, donde se volvió a destacar el tema; es que es obvio que haya muchas personas interesadas, pues somos varios los que escuchamos la necesidad de que la “mentada” ley que rige la educación del país sea no solo mejorada sino actualizada. En este camino también debemos destacar la labor del diputado Jorge Bloise Iglesias quien, posiblemente sacrificando su cuota política el año pasado, optó por presidir la respectiva comisión dentro del engranaje de la Asamblea Nacional, pudiendo quizás aspirar a dirigir una comisión con una supuesta mayor relevancia.

Esto denota la visión que tiene este novato político cuando, como joven, ha podido también darse cuenta de la precaria situación de nuestro sistema educativo y las repercusiones que para el país esto conlleva. Es un joven que decidió enfilar sus cañones para combatir un globo que eventualmente se nos pudiera reventar en la cara, afectándonos mucho más de lo que se ha querido ver.

La diferencia entre la enseñanza de las escuelas primarias y secundarias oficiales y particulares se ha profundizado de una manera abismal, siendo aún más notoria a partir del pésimo manejo que se le dio al tema durante la pandemia y posterior a ella. Seguimos sin darnos cuenta que la educación no puede y mucho menos debe manejarse con tintes políticos, más allá del rojo, azul y blanco de nuestra querida bandera.

Tampoco podemos achacarle el problema al salario que devengan los educadores, pues es prácticamente el mismo en la oficial y los particulares. Tampoco es el lugar donde están ubicadas, nuevamente haciendo una triste comparación que no arrojará una causa para el efecto.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? ¿por qué hay tantas diferencias entre el resultado final de la ecuación? Quizás podríamos iniciar destacando el contenido de lo que los jóvenes aprenden. Segundo, podríamos ubicar las facilidades que para recibir contenido se le ofrece al estudiantado. Tercero y quizás el más importante es la capacitación continua que reciben los educadores en el sector “privado” y otro quizás a destacar, es la evaluación que hay que hacerles a los educadores, que aspiran justamente a un mejor salario, pero no están dispuestos a que la mejora vaya atada a una evaluación de su desempeño.

Por otro lado, debemos mencionar que la calidad de persona que aspira a ser educador pareciera diferente. Hay quienes enseñan por vocación, como se hacía antes. Destaco aquí la labor que hacían mis padres, una a nivel básico y el otro a nivel universitario, al igual que muchos miembros de mi familia que dedicaron su vida a la docencia, pero imprimiendo ese “toque mágico” que representa el cariño a la profesión y a sus estudiantes.

Debo destacar que lo que distinguía a esa generación de educadores que nos educaron, como fueron por ejemplo los hermanos Kuzniecky, que tuvieron la visión de crear un colegio que no solo enseñara matemáticas, ciencia e historia, sino que compartiera cultura, valores e idiomas, construyendo varias generaciones de hombres y mujeres de bien.

Aplaudo de pie a quienes como la Apede y los diputados se han dado cuenta que podemos tener el mejor país, pero si no educamos a nuestra gente, los de afuera vendrán a darnos órdenes y no a desarrollarnos verdaderamente como individuos de bien. Aprendamos a generar esos empleos de calidad y a mejorar el verdadero futuro de nuestro querido terruño.