La educación que Panamá merece...

  • 16/08/2026 00:00

Hablar de educación en Panamá, es hablar de uno de los temas que más profundamente atraviesan a nuestra sociedad. La educación no es solamente un servicio público ni un componente más de las políticas sociales, para cientos de panameños representa el principal vehículo de movilidad social, la posibilidad de acceder a mejores oportunidades y, en muchos casos, el camino para cambiar la historia económica de una familia.

Recuerdo a un profesor que repetía una frase que, con el tiempo, ha adquirido un significado especial: “Gradúense, porque en la casa del profesional siempre algo gotea”. Más allá de la expresión, encerraba una profunda realidad social, la profesionalización ha sido históricamente entendida en Panamá como una herramienta para alcanzar estabilidad económica, mejores empleos y mayores posibilidades de progreso.

Pero hoy debemos preguntarnos si nuestro sistema educativo continúa preparando a las nuevas generaciones para esa realidad.

Los resultados de la última encuesta Vea Panamá, publicada en julio por La Estrella de Panamá, ofrecen una señal que no debería pasar inadvertida. Ante la pregunta sobre cómo consideran la calidad de la educación primaria y secundaria en Panamá, el 60% de los entrevistados la calificó negativamente. Es decir, seis de cada diez panameños consideran que la calidad de la educación es mala o muy mala. En contraste, apenas 36.7% tiene una valoración positiva

Esto adquiere una dimensión todavía mayor cuando escuchamos a los jóvenes.

En nuestros estudios cualitativos aparecen de manera recurrente reclamos relacionados con la preparación para la realidad económica actual. Muchos jóvenes sienten que el sistema educativo los prepara fundamentalmente para convertirse en empleados, pero no necesariamente para comprender cómo funciona el mercado, generar oportunidades, emprender, utilizar herramientas tecnológicas o desarrollar proyectos propios.

Muchos hablan de emprendimiento, pero no necesariamente conocen cómo transformar una idea en una empresa. Hablan de independencia económica, pero no siempre cuentan con conocimientos suficientes de educación financiera.

Panamá necesita discutir qué conocimientos, habilidades y valores debe tener una persona cuando termina la escuela. Necesita preguntarse si estamos formando ciudadanos capaces de analizar información, resolver problemas, comunicarse, utilizar tecnología, administrar sus finanzas, emprender, trabajar en equipo y adaptarse a un mundo laboral que cambiará muchas veces.

También debemos preguntarnos qué estamos haciendo para reducir las brechas existentes. La calidad educativa no puede depender del corregimiento donde nació un niño, del nivel de ingresos de su familia o de si tuvo la posibilidad de acceder a determinadas herramientas y oportunidades.

Por ello cuando hemos escuchado sobre la reforma educativa, se debe aclarar que no puede ser propiedad de solo un sector, de un gremio, de un partido político o de un sector determinado. Debe ser un proyecto nacional.

Allí está uno de los mayores retos, una transformación de esta magnitud exige sentar en una misma mesa al Gobierno, docentes, padres de familia, estudiantes, universidades, empresarios, trabajadores, especialistas, organizaciones sociales y comunidades. No para defender intereses particulares, sino para construir una visión compartida sobre el país que queremos dentro de cinco, diez o veinte años.

Una reforma educativa verdadera no debe preguntarse solamente cómo mejorar las escuelas de hoy. Debe preguntarse qué Panamá queremos construir y qué educación necesitan nuestros hijos para hacerlo posible.

El país no puede darse el lujo de esperar otra generación para responder esa pregunta. La educación no es una promesa para el futuro, es la construcción del hoy que comienza todos los días en un aula.