La encrucijada del mapa urbano
- 30/09/2026 00:00
Una joven elegante estaba atendiendo al público en el mostrador de una línea aérea nacional y me llamó la atención por su desempeño a pesar de la edad. Me informaron que era estudiante de un instituto superior y que hacía una práctica en ese negocio, relacionado con su formación. Eso me lo confirmó la estudiante y cuando le pregunté sobre los datos de su centro educativo, no me pudo explicar la ubicación en la ciudad de Panamá.
“Dime, ¿está cerca de qué lugar, en qué avenida o calle?” y ella no atisbaba a ubicar la dirección donde se situaba la sede de su instituto. De pronto, se acordó de un dato y mencionó que quedaba cerca del local de la ‘Lotería’. Imaginé dónde era, pues había visto ese centro de formación en avenida Perú y se lo mencioné. La practicante se encogió de hombros y explicó que ella era de la ciudad de Colón y no conocía las calles capitalinas.
Ese mismo día, tomé un taxi en la Terminal Nacional del Transporte y al pedir al conductor que me llevara a una dirección, cercana al sitio en que había abordado la unidad, me pidió que le aclarara con mayor precisión sobre el punto al que íbamos. Pese a que era frente a un importante colegio, el operador del vehículo dijo que no sabía cómo llegar, pues él se movía por otros sectores y especificó que recorría el distrito de San Miguelito.
Estas experiencias y la imagen de personas que todos los días preguntan en la terminal que cómo hacen para tomar un bus hacia determinada dirección, hace pensar que muchos no tienen una idea de la configuración de la urbe capitalina y les resulta difícil desplazarse en ese entramado citadino, de un perímetro de 275 kilómetros cuadrados. Provenir de un lugar específico o de una zona externa al centro de la ciudad, ¿es razón para no conocerla?
Parece que el crecimiento acelerado de la urbe durante los últimos años y la creación de nuevos corregimientos o asentamientos urbanos, constriñen la posibilidad de contar con una idea global de los perfiles de la ciudad y poder desenvolverse entre sus avenidas y calles sin el riesgo de perderse en la aventura. Alguien que vive dentro del distrito de San Miguelito y que se ha criado por allá -a unos 20 minutos del centro- puede verse como un inmigrante en esta selva de asfalto y cemento.
Se dice que el área metropolitana ha crecido ‘intensamente’ hacia los ejes norte y este, que constituyen periferias y que ha sido captado por la inversión privada para el negocio de bienes raíces y de acuerdo al cambio de uso de suelo. Esta expansión física se sabe que ha sido un crecimiento sin planificación o idea de desarrollo integral, sino que ha avanzado de manera desordenada y anárquica, lo que genera retos ambientales y también de movilidad.
Paradójicamente, debido al salto tecnológico que representa la existencia del Metro y la modernización de la flota del transporte masivo, le resulta difícil a la población, tener una idea amplia del esqueleto de la ciudad en cuanto a sus arterias y los lugares que recorren sus calles. La gente sabe que está en calle 50 o en la avenida España cuando va en el transporte, pero no sabe qué zonas atraviesa.
A la larga y en razón de los encierros por la alta tasa de violencia que acecha, no es posible darse el lujo de ir a conocer sitios emblemáticos o de importancia cultural. Un temor circunda a los habitantes de estos nuevos lugares y hace que los nombres de barrios, sectores y puntos referenciales ubicados en la capital del país le sean distantes, inalcanzables y casi míticos.
Algunos entusiastas han organizado recorridos, sobre todo en los alrededores del Casco Antiguo para que los interesados conozcan edificios, calles, callejones en su ubicación y de la historia alrededor de ellos. Esta es una excelente iniciativa, que debe contar con un sistemático esfuerzo para recuperar la memoria o lograr un conocimiento más amplio de los vecinos de esta cambiante y exótica ciudad.