La inteligencia artificial no tiene género, pero quienes la usan sí
- 17/01/2026 00:00
La mayoría de las conversaciones sobre inteligencia artificial (IA) giran en torno a la velocidad de los avances, los modelos más potentes o las profesiones que desaparecerán. No obstante, los verdaderos desafíos de esta tecnología no son de carácter tecnológico, sino que son humanos, culturales y de adopción; cabe aclarar que la IA no tiene género, pero quienes la crean, implementan y usan, sí y eso lo cambia todo.
Según el estudio de Deloitte, Women and generative AI: The adoption gap is closing fast, but a trust gap persists, las mujeres usan herramientas de IA generativa a un ritmo cada vez mayor, pero, todavía, este es aún más bajo que el de los hombres. En el 2023, la adopción femenina de esta tecnología era la mitad que la masculina; sin embargo, la brecha se está cerrando rápidamente y existe un dato esperanzador: para 2025 podría alcanzarse la paridad de uso.
A pesar de que el panorama podría mejorar, hay un detalle que revela un problema más profundo: aunque más mujeres comienzan a usar la IA, lo hacen con menos confianza y expectativa de beneficio. Solo el 41 % de las usuarias considera que estas herramientas mejorarán significativamente su productividad, frente al 61 % de los hombres, señala el informe.
Eso no tiene que ver con capacidad técnica. Tiene que ver con percepción, cultura y seguridad. Deloitte también señala que las mujeres confían menos que las empresas que desarrollan IA manejarán sus datos de manera responsable.
Cuando las empresas introducen IA, muchas veces la conversación se centra en la eficiencia. Se mide cuánto se automatiza y no quién queda fuera del proceso y en esa omisión, los sesgos culturales se cuelan con facilidad; tales como:
Los líderes asignan el uso de IA a “quienes tienen más experiencia tecnológica”, es decir, casi siempre hombres.
La capacitación se ofrece de forma homogénea, sin considerar diferencias de estilo de aprendizaje o disponibilidad de tiempo.
Se da por hecho que “todos” usarán las herramientas igual, cuando en realidad los contextos, miedos y hábitos varían.
La consecuencia es silenciosa: las mujeres pueden quedar excluidas de los espacios donde se genera conocimiento tecnológico, aunque trabajen en la misma organización.
El análisis de Deloitte advierte que el ritmo acelerado de adopción empresarial no siempre se acompaña de cambios culturales. Muchas compañías compran licencias, pero no invierten en procesos de acompañamiento.
La brecha, entonces, no es quién tiene acceso a la IA, sino quién se siente capaz de usarla para crear valor.
Las mujeres corren el riesgo de estar del lado pasivo de la automatización: usar esta tecnología como usuarias finales, pero no como estrategas. En otras palabras, la tecnología no las reemplazaría; las reemplazaría quien sabe usarla mejor y esa es la nueva frontera de la inequidad laboral.
Esta situación no se corrige con más software, sino con liderazgo, educación y espacios para equivocarse sin ser juzgadas.
Las organizaciones que realmente están integrando la IA de forma efectiva no son las que tienen los modelos más costosos, sino las que han entendido que la confianza y la formación son parte del proceso.
Deloitte identifica tres prácticas que marcan la diferencia:
1. Entrenar con propósito: no solo enseñar a usar la herramienta, sino explicar cómo cambia el rol profesional.
2. Normalizar aprendizaje continuo: entender que la adopción tecnológica no es un curso puntual, sino una mentalidad.
3. Fomentar confianza: crear entornos donde preguntar no se interprete como incompetencia, sino como curiosidad.
En entornos donde esto no ocurre, las mujeres tienden a participar menos y a sentirse menos valoradas. Cuando esto sucede, la IA se convierte en otra capa de exclusión.
La tecnología no discrimina por sí sola, lo hacemos nosotros cuando diseñamos sin diversidad, adoptamos sin acompañar o capacitamos sin escuchar.
Antes de preguntarnos qué puede hacer la IA por las mujeres, habría que preguntarse qué estamos haciendo nosotras para ocupar ese espacio con confianza, criterio y liderazgo.