La Niña Anita

  • 18/05/2026 00:00

Ana María Moreno del Castillo: la Niña Anita, cumplirá el próximo 28 de mayo, 139 años de haber nacido en Macaracas. La Iglesia Católica la ha consagrado como Sierva de María, dentro del proceso hacia su Beatificación, Panamá tendría en ella la primera Beata.

Al cumplirse el 106 aniversario de su nacimiento, se develó la placa, mediante la cual se dio el nombre de “Anita Moreno” al Hospital Regional de Azuero.

En un país - donde poco o nada se hace - para dar a conocer y honrar, la vida y obra de quienes, con humildad y regocijo, entregaron su vida a practicar el bien sin esperar recompensas, el homenaje o el recuerdo a la Niña Anita adquiere hoy especial relevancia. Ello es así por tratarse de una persona que supo conjugar, a lo largo de toda su vida, el más alto significado de las enseñanzas cristianas y el amor al prójimo.

Todo aquel que desde los albores del pasado siglo, santeño o no, recorriera los campos y poblaciones de las provincias de Los Santos y Herrera, tuvo conocimiento de la dedicación, desvelos y protección que brindara la Niña Anita a los pobres del campo, a los enfermos, a los desvalidos. Nadie puede olvidar su cooperación permanente en las actividades cívicas y religiosas en la Villa de Los Santos.

La Semana Santa, San Juan de Dios, las festividades de María Virgen, Nochebuena y tantas otras actividades que por más de tres cuartos de siglo contaron con sus servicios, al igual que los pacientes del Hospital San Juan de Dios, quienes recibieron sus manifestaciones de bondad infinita.

En 1946, a raíz de un reconocimiento que le ofrecieron los habitantes de la heroica Villa de Los Santos - cuando se hacían reconocimientos a quienes eran merecedores de ello- el padre Francisco Sáenz se refería así de la Niña Anita: “...ha sido la maestra de la ciencia que lleva al cielo, el Catecismo de todos los que son buenos en Los Santos, la que sabe vestir de galas nuestro templo parroquial, la que sabe rezar por todos nuestros amados difuntos. La que llamamos todos: “la Niña Anita”. ¡Hija buena de Dios! ¡Hija noble de Los Santos!”.

En nuestra memoria - espejo donde vemos a los ausentes - viven presentes tantas imágenes de nuestra infancia y pubertad entre las que destacan los recuerdos de quien desde niños nos brindó su ternura y caricia, de quien nunca nos negó una sonrisa, y que con su lento andar y su rostro celestial acogía en el calor del hogar familiar las alegrías y tristezas de todos, para convertirlas en oraciones que solo su bondad infinita podía hacerlas llegar al cielo: la Niña Anita... nuestra Mamá Tía.