La perseverancia, en ocasiones no alcanza
- 22/01/2026 00:00
En política se dice que quien persevera, alcanza. Pero en La Chorrera ya aprendimos que toda regla tiene su excepción, y esa excepción tiene nombre y apellido: Yuzaida Andrea Marín Naterón de Aguilar. Perseveró, sí, eso nadie lo discute. En 2004 lo intentó por el Partido Liberal Nacional; en 2019 por Cambio Democrático; y en 2024 finalmente consiguió la curul bajo la bandera de Realizando Metas, el partido que prometía “más chen chen para el pueblo”. Lástima que el pueblo chorrerano todavía está esperando ver aunque sea el vuelto, porque del “chen chen” solo quedó el eslogan.
Y no llegó sola. Llegó de la mano de su suplente Abdiel Núñez, quien, en vez de asumir con responsabilidad el rol que la ciudadanía espera de un suplente de diputado, simplemente decidió continuar en su faceta de artista de música típica. Su presencia legislativa ha sido prácticamente nula: sin propuestas, sin debates, sin incidencia; una labor legislativa ausente que deja claro que para él la actividad cultural sigue teniendo más prioridad que el compromiso político con el circuito que lo eligió.
Su paso por la función pública tampoco dejó aplausos. Entre 2010 y 2014 presidió la Feria de La Chorrera y aún hoy brillan por su ausencia los informes claros de ingresos y egresos. En ese tiempo desaparecieron los animales del zoológico y se firmó un contrato de arrendamiento al Municipio que todavía deja más sombras que luces. Y como historia mal cerrada, hoy, aunque no aparece de frente, ha regresado a la Feria utilizando interpuestas personas, manteniendo influencia tras bambalinas, pero sin asumir responsabilidad de lo ocurrido durante su anterior administración. Mucho control, cero explicación.
Han pasado ya dieciocho meses desde que llegó al Palacio Justo Arosemena y la pregunta sigue en pie: ¿qué ha hecho la diputada por su circuito? Porque iniciativas legislativas de peso, estructurales y transformadoras, simplemente no existen. Sus promesas de campaña quedaron archivadas antes de nacer: salud, educación, seguridad alimentaria, inclusión social... todo quedó resumido en fotos cuidadosamente posadas y discursos bonitos para redes sociales.
Eso sí: activa se mantiene... pero en lo que no es su función. Se dedica a supervisar trabajos como si fuera ingeniera del MOP; corre detrás de ferias del IMA; aparece en actividades de salud como si fuera funcionaria del Minsa. Mucha carpa, mucha cámara, mucho espectáculo, pero cero resultados legislativos tangibles. Parece más una gran representante de corregimiento que una diputada de la Nación, dedicada a gestiones asistencialistas en lugar de legislar para transformar realidades.
Mientras tanto, su “gran gestión” ha consistido en algo que sí domina muy bien: nombrar seguidores. Ha convertido su despacho en una especie de agencia de empleo político, donde los beneficiados curiosamente siempre resultan ser los suyos. Y como la transparencia no es su fuerte, tampoco se rinden cuentas claras de su planilla legislativa. Pero eso sí: aplausos y lealtades pagadas no faltan.
Cuando tuvo oportunidad de dejar huella legislativa, también lo hizo... pero para mal. Porque si algo puede considerarse su “legado” es su voto a favor de Ley 462, condenando a miles de panameños a jubilaciones miserables. Y como si fuera poco, se destacó por su silencio absoluto ante los abusos contra educadores, sindicatos y ciudadanos que defendían sus derechos. Cuando el pueblo necesitaba una voz, ella eligió callar.
Y como toda figura política moderna, tampoco falta su ejército de gladiadores digitales, listos para atacar a quien se atreva a cuestionarla. Algunos escondidos detrás de perfiles falsos y otros tan reales que hasta se nota que lo hacen en horas laborales.
En La Chorrera ya quedó clarísimo: perseveró... llegó... pero no hizo nada por el pueblo. Y cuando hizo, fue contra él.