La segunda ola de crecimiento de Chiriquí debe comenzar ya
- 06/11/2026 00:00
Chiriquí se encuentra ante una decisión pendiente que puede definir buena parte de su desarrollo económico durante las próximas cinco décadas: ¿cómo pasar de una economía con enormes capacidades productivas y biodiversa a una economía plenamente conectada con los mercados nacionales e internacionales?
La construcción del puerto industrial, turístico y exportador de Barú representa una oportunidad para dar ese paso, no se trata simplemente de construir un puerto, se trata de crear una plataforma logística capaz de impulsar una segunda ola de crecimiento para Chiriquí, basada en nuevas industrias, mayor capacidad exportadora, turismo, agroindustria, logística, inversión privada y empleos de calidad para cientos de jóvenes ingenieros que esperan para aportar a su provincia y su país.
Durante décadas, Chiriquí ha construido una economía basada en la agricultura, la ganadería, el comercio, el turismo y los servicios. La provincia cuenta con una extraordinaria diversidad productiva y geográfica, desde las tierras agrícolas de Tierras Altas hasta las costas del Pacífico, sin embargo, sólo aporta el 6.0% del PIB de la nación. El desafío de la próxima generación es convertir esas capacidades en una economía más diversificada, con mayor valor agregado, competitiva y conectada, y para lograrlo se necesita de infraestructura. Una infraestructura portuaria moderna, 10 veces mayor que el puerto de pedregal, puede convertirse en el vínculo entre los productores chiricanos y los mercados internacionales. Puede facilitar nuevas cadenas de suministro, mejorar la competitividad del comercio exterior y crear condiciones para que las empresas consideren a Chiriquí como destino de inversión.
Puerto Barú puede ser ese habilitador. La inversión anunciada para el proyecto ronda los $250 millones, una cifra que representa el 4.6 % del PIB de la provincia. Además, se han proyectado aproximadamente 1,200 empleos directos durante la construcción y cientos de empleos adicionales durante la operación, junto con efectos indirectos sobre proveedores, transporte, comercio y servicios. Pero el verdadero impacto puede estar más allá de la construcción del puerto.
Un puerto no genera desarrollo por sí mismo, lo que genera desarrollo es la actividad económica que puede surgir alrededor de él. Puerto Barú puede contribuir a crear condiciones para una nueva generación de industrias relacionadas con la agroexportación, carga refrigerada, procesamiento de alimentos, aceites vegetales, biocombustibles, logística, almacenamiento, manufactura y turismo.
El productor agrícola podrá mirar más allá del mercado local, ya que el inversionista podrá considerar a Chiriquí como una plataforma productiva y logística. El empresario turístico podrá desarrollar nuevos productos vinculados con el mar y con los atractivos naturales de la provincia. Los jóvenes podrán encontrar oportunidades profesionales en sectores que hoy tienen una presencia limitada en la región. Esta es la verdadera dimensión del proyecto.
¿Cuánto le puede costar a Chiriquí no contar con la infraestructura necesaria para su próxima etapa de crecimiento?
La construcción del puerto puede representar una oportunidad inmediata de empleo, pero su mayor valor social estará en la capacidad de generar un ecosistema permanente de trabajo. La estrategia debe incluir un compromiso claro con la contratación y capacitación de talento local. Jóvenes, mujeres, técnicos, trabajadores de la construcción, operadores logísticos, profesionales ambientales, ingenieros, administradores y especialistas en turismo pueden formar parte de esta nueva economía. El desarrollo no debe medirse únicamente en millones de dólares invertidos. Debe medirse también en familias con mayores ingresos, jóvenes con nuevas oportunidades, empresas locales que crecen y comunidades que participan del proceso.
Precisamente por la magnitud de esta oportunidad, el desarrollo de Puerto Barú debe asumir una responsabilidad ambiental proporcional a su importancia. La sostenibilidad no puede ser un capítulo aparte del proyecto, debe ser uno de sus principios fundamentales. Eso significa estudiar rigurosamente los posibles efectos sobre ecosistemas marinos y costeros, calidad del agua, biodiversidad, manglares, sedimentos, tráfico marítimo, ruido, emisiones y cambio climático. Cuando exista una afectación inevitable, debe restaurarse o compensarse de manera verificable y todo esto debe estar acompañado por monitoreo científico permanente. La sostenibilidad requiere confianza. Y la confianza se construye con información.
La verdadera visión de Puerto Barú no debería limitarse al cronograma de construcción y su inversión inicial, se debe ver hacia 50, 75 y 100 años de plazo. Una provincia que haya desarrollado su potencial económico sacrificando sus recursos naturales no sería un éxito, pero tampoco sería sostenible conservar los recursos naturales mientras se mantienen limitadas las oportunidades económicas y de vida digna de la población; el desafío consiste en hacer ambas cosas.
El objetivo debe ser construir una economía que pueda crecer sin destruir los activos naturales que hacen de Chiriquí una provincia única, por eso, Puerto Barú debe diseñarse pensando en resiliencia climática, eficiencia energética, economía circular, reducción de emisiones y huella hídrica, protección de ecosistemas y adaptación a las condiciones que enfrentará la región durante las próximas décadas.
La primera gran etapa del desarrollo de Chiriquí construyó su base agrícola, comercial y turística, la segunda ola puede ser diferente y puede combinar nuevas industrias como la agroindustria de exportación, los servicios logísticos sostenibles, el ecoturismo, la biotecnología, las energías limpias y los biocombustibles renovables.
Pero para lograrlo se necesita la visión de los inversionistas, la decisión de los gremios y la responsabilidad social y ambiental de los grupos ecologistas.
El éxito no será simplemente inaugurar un puerto, el éxito será mirar hacia atrás dentro de 50 años y poder decir que Puerto Barú ayudó a transformar Chiriquí sin comprometer su patrimonio natural. Que creó empleos, impulsó nuevas industrias, abrió mercados, atrajo inversión, fortaleció a las empresas locales y generó oportunidades para las nuevas generaciones.
Puerto Barú es mucho más que un puerto, es el punto de partida de la segunda ola de crecimiento del occidente panameño.