La soberanía se construye: las capacidades que Panamá debe desarrollar para administrar sus recursos estratégicos

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  • 02/08/2026 00:00

Cada vez que Panamá enfrenta el desafío de administrar un recurso estratégico, vuelve a surgir la misma pregunta: ¿tenemos las capacidades nacionales para administrarlo en beneficio de todos los panameños?

La duda no es nueva. Antes de la reversión del Canal, muchos cuestionaban si un país pequeño tendría la capacidad técnica, gerencial y financiera para operar una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Esas dudas resurgieron años después, cuando se propuso la ampliación del Canal y algunos se preguntaban si Panamá sería capaz de ejecutar una obra de ingeniería de semejante complejidad y administrar con éxito un Canal ampliado.

La historia respondió con hechos. Desde el 31 de diciembre de 1999, Panamá ha administrado eficientemente el Canal, y desde la inauguración de la ampliación el 26 de junio de 2016 ha demostrado también su capacidad para operar una infraestructura aún más compleja, incrementando su aporte al desarrollo nacional y consolidando el prestigio internacional de la Autoridad del Canal de Panamá. Ese éxito no fue producto de la improvisación. Fue el resultado de décadas de formación de talento, fortalecimiento institucional, transferencia de conocimiento y construcción de una organización basada en el mérito, la excelencia técnica y la visión de largo plazo.

Hoy el país enfrenta un debate distinto, pero en esencia muy parecido. La discusión sobre el futuro de la minería metálica ha comenzado a desplazarse desde la reapertura de la mina hacia la posibilidad de una mayor participación del Estado en su administración. Sin embargo, la verdadera pregunta no debería ser quién operará la mina, sino si Panamá puede desarrollar las capacidades nacionales necesarias para administrar soberanamente sus recursos estratégicos durante el siglo XXI.

La verdadera soberanía no consiste únicamente en ser propietario de un recurso. Consiste en poseer el conocimiento, las instituciones y el talento necesarios para administrarlo con responsabilidad, transparencia y visión de largo plazo. En otras palabras, la soberanía se construye.

La experiencia internacional muestra que los países que han logrado convertir sus recursos naturales en una fuente sostenible de desarrollo comparten un rasgo común: decidieron construir capacidades nacionales antes que depender exclusivamente de la riqueza de sus yacimientos. Durante décadas fortalecieron sus instituciones, desarrollaron talento especializado, impulsaron universidades y centros de investigación, consolidaron organismos reguladores independientes y promovieron ecosistemas de innovación alrededor de sus principales actividades extractivas. Gracias a ello, hoy cuentan con mejores herramientas para enfrentar desafíos cada vez más complejos. Sus problemas no han desaparecido, pero poseen las capacidades necesarias para gestionarlos y adaptarse a un entorno en permanente cambio.

Si Panamá aspira a desempeñar un papel más activo en la gestión soberana de la minería metálica —o de cualquier otro recurso estratégico— deberá comenzar por fortalecer, al menos, cinco capacidades fundamentales.

La primera consiste en fortalecer instituciones técnicamente competentes, con reglas claras e independencia para regular y fiscalizar. La segunda es formar el talento especializado que exige una minería moderna. La tercera requiere impulsar universidades, centros de investigación y sistemas de monitoreo que generen conocimiento propio. La cuarta demanda una gobernanza basada en transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana. Finalmente, la capacidad estratégica debe asegurar que la riqueza generada por recursos finitos se transforme en educación, innovación, infraestructura y desarrollo sostenible para las futuras generaciones.

Sin embargo, estas capacidades no pueden desarrollarse de manera aislada. Los países que administran con éxito sus recursos estratégicos construyen verdaderos ecosistemas nacionales de capacidades, donde universidades, centros de investigación, instituciones públicas, organismos reguladores, empresas, laboratorios, programas de formación y sistemas de innovación trabajan de forma articulada. La excelencia no nace de una sola institución; surge de la interacción permanente entre conocimiento, talento, tecnología y buena gobernanza.

Panamá ya recorrió ese camino con el Canal. Su éxito no se explica únicamente por la recuperación de una infraestructura estratégica. Se explica porque el país fue capaz de construir un ecosistema nacional de capacidades y una cultura de excelencia reconocida internacionalmente. Esa experiencia demuestra que construir capacidades nacionales no es una aspiración; es algo que Panamá ya ha logrado antes.

La discusión actual sobre la minería ofrece una oportunidad que trasciende el destino de una concesión específica. Puede convertirse en el punto de partida para una estrategia nacional de fortalecimiento de capacidades que prepare a Panamá para administrar, con mayor autonomía y responsabilidad, todos sus recursos estratégicos.

La principal lección que deja la historia del Canal es que la soberanía también se construye. Panamá no alcanzó el éxito únicamente porque recuperó el control de un activo estratégico. Alcanzó el éxito porque construyó las instituciones, el conocimiento y el talento necesarios para administrarlo con estándares de excelencia mundial.

Quizás esa sea también la principal enseñanza para el debate minero. Antes de decidir quién administrará una mina, Panamá debe decidir si quiere construir las capacidades nacionales que harán posible ejercer plenamente su soberanía sobre los recursos naturales. Porque la soberanía no comienza cuando un recurso pertenece al Estado. Comienza cuando un país desarrolla las capacidades para administrarlo en beneficio de toda la sociedad.

* El autor es médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS)