La vida en el tranque, salud que no vuelve

Archivo | La Estrella de Panamá
  • 10/04/2026 00:00

Muchas cosas nos hacen panameños: desde la pasión por el fútbol con la marea roja, los bailes típicos, el arroz con guandú, entre otras cosas. Pero también nos define el entorno en el que vivimos, y una parte importante de ese entorno es nuestro automóvil, en largas horas de tráfico.

Para el panameño, el tranque se ha convertido en parte de la rutina diaria, una situación no negociable y qué difícilmente se puede evitar. Vivir en el tráfico nos ha hecho evolucionar a un estilo de vida que en secreto va desgastando la salud. En muchos hogares panameños, la rutina empieza antes del amanecer.

En el diario vivir, no es raro que una persona en Panamá pase entre 2 y 3 horas al día en el tráfico y en algunos casos incluso más. Esto significa que una parte importante del día se consume en traslados, reduciendo el tiempo disponible para descanso, alimentación adecuada y vida personal.

En este tipo de rutina favorece la privación crónica de sueño, un factor que se ha asociado con alteraciones en el estado de ánimo, concentración, y el aumento del riesgo en enfermedades metabólicas y cardiovasculares, como también el riesgo de presentar una mayor probabilidad de sufrir un accidente automovilístico, especialmente en personas que conducen fatigadas.

La evidencia científica disponible indica que la privación de sueño puede afectar múltiples funciones del organismo, el cuerpo dentro de su fisiología natural por falta de sueño comenzará a subir niveles de cortisol, la hormona del estrés, para poder mantenernos despierto, que posteriormente llevará a un aumento de la presión arterial provocando a la larga enfermedades cardiovasculares.

Un enlentecimiento del metabolismo que será favorecido por largas horas en el automóvil, que disminuirán la actividad física y una mala alimentación, muchas veces condicionada por la elección entre optar por comida rápida para ahorrar tiempo o retrasar el descanso para poder comer en casa; provocando posteriormente desequilibrios alimenticios que llevarán a desarrollar obesidad y diabetes mellitus.

Ante estas circunstancias el sueño deja de ser una prioridad y se convierte en algo sacrificable. El tiempo que se pierde en el tranque es tiempo que no se invierte en descanso, en la familia o en actividades personales y poco a poco va desencadenando un desgaste emocional en el que se está irritado constantemente y empiezan a nacer emociones de tristeza, agotamiento, hasta llevar a una disminución en la calidad de vida.

Sin embargo, aunque no se pueda modificar siempre nuestra rutina diaria y el tráfico, si es posible reconocer el efecto negativo que tiene y reducir su impacto. Pequeños cambios, como mejorar la higiene del sueño (dormir en habitaciones totalmente oscuras, reducir el uso de pantallas 2 horas antes de dormir, ejercicios de estiramiento y relajación), aprovechar el tiempo de traslado para actividades que generen bienestar, o compartir en familia un método de organización para optimizar el tiempo de descanso pueden marcar una diferencia

Recordemos que la salud no se pierde de un día para otro. Se empieza deteriorando de forma gradual en nuestra vida cotidiana. El tranque no es solo un problema de movilidad es un factor que influye en como vivimos, como descansamos y como somos predispuestos a enfermedades.

Al final, más allá de las horas perdidas en el tráfico, la pregunta es otra: ¿Cuánto de nuestra salud estamos dejando en el camino?

*La autora es médico general