Las enseñanzas del modelo chino para Panamá y América Latina

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  • 31/08/2026 00:00

Históricamente, América Latina ha sido un laboratorio de modelos de desarrollo importados, muchas veces marcados por la dependencia estructural, la subordinación económica y una visión eurocéntrica. En ese contexto, la experiencia china ofrece importantes enseñanzas para Panamá y la región. No se trata de copiar un modelo, sino de establecer un diálogo crítico que nos permita reconocer nuestras propias particularidades.

China ha logrado una transformación histórica, sacó a cientos de millones de personas de la pobreza extrema y se convirtió en una potencia tecnológica y productiva de alcance global. Sin embargo, su experiencia no debe entenderse como una receta aplicable mecánicamente a otros países. Su mayor aporte consiste en demostrar que existen diversos caminos hacia el desarrollo y que no hay una única forma de hacerlo.

Frente a la teoría del “choque de civilizaciones”, de Samuel Huntington, China plantea el diálogo y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones. Esta perspectiva reconoce que no existe solamente una civilización occidental con pretensiones universales, sino múltiples tradiciones igualmente válidas.

Para América Latina, esta idea resulta fundamental. Nuestro desarrollo no puede basarse exclusivamente en modelos externos que ignoran nuestras raíces, nuestras comunidades y pueblo trabajador. Debemos construir un camino propio, basado en el autoconocimiento y no en la alienación cultural. Así como China reivindica elementos de su tradición confuciana y socialista, América Latina debe recuperar sus propias capacidades históricas para imaginar un futuro soberano y justo.

La segunda enseñanza se relaciona con la diplomacia de paz. En un mundo marcado por conflictos armados, intervenciones y disputas geopolíticas, China ha promovido una política exterior orientada al multilateralismo, la cooperación y el diálogo. Esta visión sostiene que la seguridad de un país no debe construirse a costa de la inseguridad de los demás, sino mediante el desarrollo compartido y el respeto mutuo.

Para una América Latina acostumbrada a ser considerada patio trasero o zona de influencia de grandes potencias, esta perspectiva ofrece una alternativa a las imposiciones unilaterales. La soberanía no se defiende únicamente mediante la fuerza militar, sino también mediante la diplomacia, la cooperación regional y la participación en una arquitectura internacional más equilibrada.

Panamá y América Latina necesitan repensar su inserción internacional desde una posición de dignidad, autonomía y diálogo. La paz duradera no puede surgir de la subordinación ni de los ejercicios militares permanentes, sino de la reducción de las desigualdades, el fortalecimiento de las instituciones y la construcción de relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo.

La tercera enseñanza se observa en el papel de China en la inteligencia artificial. En la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, realizada en Shanghái, China mostró sus avances en modelos de IA, robótica y aplicaciones industriales. Además, defendió el desarrollo de modelos de código abierto y una inteligencia artificial inclusiva, cuestionando que unos pocos países o empresas monopolicen las tecnologías avanzadas y las reglas de gobernanza global. Esta propuesta es especialmente relevante para el Sur Global. China ha planteado la necesidad de una mayor cooperación internacional en inteligencia artificial y de utilizar esta tecnología para mejorar los servicios públicos. Para Panamá y América Latina, la pregunta central es si la IA será un fin en sí mismo, dominado por la competencia corporativa, o un medio para enfrentar problemas concretos como la desigualdad, la educación y la salud.

La lección consiste en avanzar hacia una soberanía tecnológica. No podemos ser únicamente consumidores de algoritmos diseñados para realidades ajenas. Necesitamos desarrollar capacidades propias, marcos éticos y políticas públicas que garanticen que la inteligencia artificial esté al servicio del bienestar colectivo.

* El autor es catedrático universitario