Las enseñanzas del sismo

Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
  • 21/10/2026 00:00

El terremoto del 9 de octubre estremeció casi todo el territorio nacional con un efecto que aún no termina de calcularse. Tuvo evidentes signos de destrucción de infraestructuras familiares, obras civiles, templos y, sobre todo, alcanzó repercusiones en las condiciones físicas y mentales de la población, no preparada para esa adversidad. Muchos, aún recuerdan la vulnerabilidad sentida ante el interminable temblor del suelo y la imposibilidad de estabilizarse.

El cuerpo humano está acostumbrado a erguirse sobre una superficie horizontal y cuando sucede un terremoto, ocurre un fenómeno denominado ‘vértigo post-terremoto’ o mareo por terremoto; que consiste en una serie de alteraciones que van desde lo físico, pasa por lo perceptivo y llega a lo emocional. Esto ocurre si no ha existido una preparación o formación hacia los posibles efectos que puede producir un colapso de esas características.

Por esa razón, independientemente de las condiciones en que queda el entorno de una persona, familia, grupo o poblado que sufre este percance, se va a presentar un miedo aterrador ante eventos posteriores como las réplicas, pues el individuo tiende a recordar la intranquilidad de los acontecimientos y se espera que se repitan. La gente continúa procesando el repentino y brusco movimiento, aunque ya se haya superado.

Como este tipo de sensaciones desagradables se hacen comunes, se requiere que los servicios de salud pública y las autoridades logren generar una atención paralela hacia la población para que pueda enfrentar tales estados. Esto tiene que marchar como parte del proceso de atención de las necesidades básicas de los grupos humanos que han sido víctimas del sismo.

Tal circunstancia supone entonces que los gobiernos locales deben estar preparados para estas crisis con el equipo técnico y también humano que se requiere. En el caso nacional, la situación demostró que estas condiciones no existen, pese a que las juntas comunales y los municipios reciben fondos descentralizados que por lo general terminan en engrosar las planillas y no son dirigidos a fortalecer programas de desarrollo en estas escalas comunitarias.

Por lo general, se tiende a pensar que es el Estado, el que debe atender estas contingencias, que suelen demorar porque, pese a los denodados esfuerzos, hay que superar una estructura burocrática y los tiempos van corriendo en contra de las necesidades urgentes. Por esa razón, se pide, se clama por ayuda, que tarda, a causa de la inclemencia temporal, sobre todo en un clima tan variable como el que caracteriza al país en esta época.

Aunque existen entidades que atienden estas emergencias y Panamá cuenta con un organismo integral que articula la respuesta y coordina la acción, en esta situación inédita, todavía se encuentran núcleos de poblados que están aislados y demandan la ayuda necesaria. Es lógico pensar que no debe existir una dimensión preferencial en cuanto al tamaño del poblado y su ubicación en el campo para que reciba la respuesta que necesita.

Hay un esquema que debería seguirse, que supone trazar regiones en el perímetro del país y establecer los mecanismos para llegar hasta el último poblado. Para esto se debe tener preparado a cada uno de los entes políticos y administrativos para que la acción pueda ir desde el centro a la periferia y siempre se cuente con una intervención en búsqueda de superar lo inusitado.

¿Con cuántas carpas se cuenta para atender situaciones de emergencia? ¿Se tienen contenedores situados estratégicamente en las ciudades cabeceras y las sedes de los distritos? ¿Operan los centros de salud con eficiencia para atender sus circunscripciones? Hace unos días, hubo un problema de malaria en las inmediaciones de Merca Panamá y ese centro de expendio de alimentos está a dos cuadras de la Ciudad de la Salud. ¿Hubo rapidez en su atención?

A menudo, el instrumental que atiende situaciones de emergencia, se utiliza sin mucho criterio. Las ambulancias son un ejemplo. Este terremoto ha enseñado que se debe pensar claramente en la forma de convertir la ayuda humanitaria en prioridad y el Estado y la sociedad deben responder con mucha responsabilidad. De eso dependen vidas humanas y la seguridad de todos.

* El autor es periodista y docente