Las reformas electorales y la matemática del poder
- 02/10/2026 00:00
He participado en procesos de reforma electoral antes. Quizá por eso, lo que estamos viviendo hoy me preocupa. Antes de las elecciones de 2019 tuve el honor de formar parte de la Comisión de Reformas Electorales en representación de la sociedad civil, como vicepresidenta del grupo Iniciativa por la Paridad Política.
Fueron meses de discusión. El documento que logramos no era perfecto, pero tenía algo fundamental, intentaba construir reglas para la democracia, no reglas para quienes tenían el poder de hacerse un traje a la medida. Cuando esas reformas terminaron siendo modificadas en la Asamblea Nacional, sentí que era necesario hacer algo más que reclamar.
Junto a otros ciudadanos convocamos protestas frente a la Asamblea Nacional, en la Plaza 5 de mayo. Lo hicimos porque entendíamos algo que hoy sigue siendo válido. Son las reglas mediante las cuales el ciudadano decide quién dirigirá los destinos del país. Por eso hoy vuelvo a levantar la voz.
Cada cinco años hablamos de reformas electorales, se nos dice que estamos modernizando el sistema, adecuándolo a la realidad del país o perfeccionando nuestra democracia. Pero hay una pregunta que debemos hacernos, ¿Estamos reformando las reglas para fortalecer la democracia o estamos reformando la democracia para acomodar las reglas? Estamos hablando de las reglas bajo las cuales competirán los partidos políticos y quienes aspiren mediante la libre postulación y todos debemos tener una cancha electoral justa, sin inclinaciones, ni atajos. No podemos aceptar que la democracia tenga una puerta para unos y otra para los demás.
La nueva configuración de los circuitos electorales, que fue aprobada la semana pasada en 3er debate, es simplemente inaceptable. El Tribunal Electoral ha utilizado como referencia un cociente de 43,026 electores por diputado, calculado a partir del padrón de 2024 y de las 64 curules que se distribuyen fuera de las siete curules garantizadas constitucionalmente para Darién y las comarcas. Hasta aquí, hablamos de matemática. Pero la discusión o inconformidad inicia cuando esa referencia parece no aplicarse de la misma manera en todos los territorios.
Durante el debate legislativo se identificaron 11 circuitos que quedan por debajo de ese cociente y, sin embargo, mantienen representación uninominal, mientras otros territorios con mayor población electoral pierden curules. Esa situación ha sido cuestionada públicamente por varios diputados durante la discusión del proyecto, pero existe una mayoría parlamentaria que ha decidido mantener y aprobar esta configuración pese a los cuestionamientos.
Mi pregunta es sencilla, si existe una regla matemática, ¿por qué no debe aplicarse con la misma lógica para todos? Me preocupa que observo el mismo error de siempre dentro de las reformas, que los mismos de siempre terminen definiendo las reglas que determinarán cómo se distribuirá ese poder en el futuro. Eso es justamente lo que debemos evitar.
Las reformas electorales deben garantizar igualdad de condiciones, transparencia, representación y respeto a la voluntad ciudadana. Las reglas de la democracia deben garantizar que se respete el anhelo ciudadano.
La matemática debe ser justa, las reglas deben ser iguales y la voluntad de los panameños debe estar por encima de cualquier interés político.