Las tareas de los intelectuales panameños

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  • 07/02/2026 00:00

Ante este panorama, resulta útil reconocer que en nuestra sociedad -como en otras- existe la clase intelectual, que bien definida es aquella que acumula conocimientos, toma acciones públicas a partir de los títulos de sapiencia que ese conocimiento confiere, y que con sus capacidades forman parte del debate social, con el objeto de guiar, influir y conducir culturalmente a la sociedad. La denominación de intelectual empieza a emplearse por el año de 1898 en Francia, en el marco del acalorado debate que produjo el caso del capitán del ejército francés, Alfred Dreyfus; y se propagó en el tiempo y espacio, reconociendo como inherente al efectivo quehacer, ya que el intelectual no lleva una vida contemplativa sino activa, desarrollando ideas, manteniendo una actitud inquebrantable, y de ser necesario luchando y defendiendo su creencia , que algunas veces refuerza los componentes culturales que mantienen unida a la sociedad o bien que procuren subvertirlos para impulsar otra visión del mundo.

Para cumplir su función, el intelectual requiere control de saberes, habilidades comunicativas y reconocimiento del propio campo social donde intente promover su intervención intelectual. El filósofo francés Jean Paul Sartre dijo que lo que hizo de Robert Oppenheimer un intelectual no fue la creación de la bomba atómica sino su posición pública contra la carrera armamentista, ayudando con este ejemplo en la comprensión del sujeto estudiado.

El intelectual panameño -como advertimos al principio- tiene tareas y la patria reclama su participación oportuna y eficaz, inclusive en el devenir político cuando hoy por hoy se cuestiona la existencia de los Partidos Políticos. Y ante tanta expectativa si se tendrá espacio y tiempo para convocar, analizar y obtener una Constituyente.

También hay que reconocer lo expuesto por otro pensador, Antonio Gramsci, quien sentenció: “No existe actividad humana de la que pueda excluirse toda intervención intelectual”. Pensamiento que -a nuestro entender- no solamente a los intelectuales les merece tamaña responsabilidad transformadora, algo tenemos que ejecutar el resto de los mortales. El país espera, al trabajo sin más dilación.

*El autor es docente universitario