Legado de un periodista panameño y la reflexión sobre la paternidad responsable

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  • 27/06/2026 00:58

Cada tercer domingo de junio, Panamá se detiene a rendir homenaje a sus padres. Pocossaben, sin embargo, que esta fecha no llegó al calendario nacional por simple costumbre importada, sino por la perseverancia de un hombre que dedicó años de su vida a una causa que consideraba de justicia social: mi bisabuelo, el periodista veragüense Ignacio de Jesús "Nacho" Valdés.

Corría el año 1946 cuando, desde su programa radial "Vibraciones del Aire" en Radio Panamericana y su columna "Siguiendo el Minuto" del semanario Mundo Gráfico, Nacho Valdés inició una campaña que parecía, a primera vista, modesta: que los padres panameños tuvieran también su día de reconocimiento, como ya lo tenían las madres desde 1924. El 16 de junio de aquel año envió un mensaje telegráfico a su propio padre, Ignacio de Loyola Valdés, en el que lo honraba como inspiración de esta iniciativa.

Lo que siguió fue una campaña de cuatro años. Hubo intentos infructuosos ante el Consejo Municipal y resistencia institucional, hasta que finalmente, el 5 de diciembre de1949, bajo la presidencia del Dr. Arnulfo Arias Madrid, la Asamblea Nacional aprobó la Ley 31, que declaró oficialmente el tercer domingo de junio como el Día del Padre en la República de Panamá.

El proyecto había sido presentado por los diputados Norberto Navarro y César Guillén, y la Gaceta Oficial lo publicó el 17 de diciembre de ese mismo año. Panamá se convertía así en uno de los países pioneros de la región en institucionalizar esta celebración, incluso antes de que Estados Unidos hiciera oficial la suya en 1966, bajo la proclama del presidente Lyndon B. Johnson.

Nacho Valdés no fue solo periodista. Fue poeta, compositor de himnos patrióticos y autor de la letra de marchas como "Acción Comunal" y "La Bandera Panameña". Su vida, aunque breve nació en Santiago de Veraguas en 1902 y falleció en 1959 dejó una huella que trasciende generaciones. Como bisnieto suyo, no puedo sino sentir una profunda responsabilidad de mantener viva esta historia, no como un simple dato de archivo, sino como un recordatorio de que detrás de cada fecha conmemorativa hay una convicción humana: la de que la figura paterna merece ser amada y honrada.

Y es precisamente donde quiero detenerme. Setenta y seis años después de aquella ley, el Día del Padre no debería reducirse a una fecha comercial de corbatas, desayunos y almuerzos. Debe ser, sobre todo, una ocasión para reflexionar sobre lo que significa ejercer una paternidad responsable.

Ser padre no es un título que se obtiene por genética; es una vocación que se construye día a día. La paternidad responsable exige presencia, no solo física sino emocional: estar disponible para escuchar, para corregir con firmeza y amor, para acompañar sin imponer, para guiar sin controlar. Exige también coherencia entre lo que se dice y lo qu ese hace, porque los hijos aprenden más de lo que observan que de lo que se les ordena.

Los valores que un padre transmite la honestidad, el respeto, la perseverancia, la empatía, el sentido de justicia no se enseñan en una sola conversación; se transmiten en la cotidianidad, en los pequeños gestos sostenidos en el tiempo. Un padre que cumple su palabra enseña confianza. Un padre que admite sus errores enseña humildad. Un padre que sostiene económica y afectivamente a su familia, incluso en circunstancias adversas, enseña responsabilidad y resiliencia.

En un país donde lamentablemente persisten cifras preocupantes de ausentismo paterno y de hijos que crecen sin esa figura de referencia, resaltar el papel del padre no es un acto sentimental, sino una necesidad social. La presencia paterna activa está asociada a mejores resultados educativos, mayor estabilidad emocional y menor vulnerabilidad ante conductas de riesgo en niños y adolescentes. Honrar al padre es, en el fondo, invertir en el futuro de la sociedad panameña.

Por ello, en este Día del Padre, propongo que la reflexión vaya más allá del homenaje individual. Que sea también un llamado a los padres ausentes a reencontrarse con sus hijos, a los padres presentes a no dar por sentado su rol, y a la sociedad entera a reconocer que la paternidad responsable ejercida con amor, disciplina y constancia es uno de los pilares más sólidos sobre los que se construye una nación.

Nacho Valdés entendió, hace casi ochenta años, que los padres merecían un lugar en el calendario de los afectos. Hoy, su legado nos invita a algo más profundo: a que ese lugar simbólico se traduzca, todos los días del año, en presencia real, en ejemplo vivo y en amor que se demuestra con hechos. Feliz Día del Padre a todos los hombres que, con sus virtudes y sus luchas diarias, honran ese nombre.

* El autor es abogado, mediador, criminólogo