Lo que escuchamos
- 05/07/2026 00:00
El 1 de julio no hubo sorpresas en el Palacio Justo Arosemena. Fue elegida nueva presidenta del Órgano Legislativo, Shirley Castañeda, apoyada por su partido, en gobierno, así como por un “picaside” de partidos un tanto interesante, por decir lo menos. El solo pensar que el otrora poderoso PRD, que ponía los presidentes gracias a su aplanadora legislativa, hubiere respaldado la candidatura oficial ya es de sorprenderse; pero que el partido Panameñista se haya abstenido (lo cual en política significó que se alineó con la candidatura oficial) es de igual manera sorprendente. Pero como se dice en política no hay sorpresas, hay sorprendidos.
El bloque de oposición se vio un tanto debilitado, sin embargo, se mantuvieron “estoicamente” de pie, a pesar de que era previsible que perderían en la votación. “Desde mi balcón” veo que es muy probable que de igual manera pierdan la fortaleza dentro de las comisiones que tuvieron el año anterior, incluyendo sus presidencias. Ojalá la nueva presidenta tenga la visión de estadista y coordine con ellos la posible dirección de una o más, como gesto de buena fe.
Las elecciones de los dos vicepresidentes se resolvieron tan fácil como fue la de la arrolladora victoria de la nueva presidenta. Curiosamente, 2 de 3 integrantes de la junta directiva, son del área de Arraiján. Bien por Panamá Oeste, la más nueva de las provincias que fortalece su visibilidad en el órgano más político del Estado.
Sobre el discurso del mandatario, considero que fue mucho mejor de lo que varios esperaban. Fue una jugada maestra el haber destacado que los dos primeros años sirvieron para ordenar la casa; era imperativo hacerlo. Fue astuto porque hasta este momento no había podido cumplir las promesas de campaña, como por ejemplo el “chen chen” en los bolsillos o empleos para todos. Es que no es fácil iniciar un quinquenio como le tocó a él, después de dos lustros de ineficiencia y derroche innecesario de recursos en esas administraciones.
Por eso quienes hacemos análisis político preveíamos que no era posible poder cumplir, pues “la fórmula” que supuestamente desarrolló su “padrino” no era tal; es muy fácil llenarse la boca cuando recibes una presidencia con varios proyectos multimillonarios en el “pipeline” y varios millones en caja, cosa que no le ha sucedido a ningún otro presidente.
Entre las cosas que a mi juicio se le quedó en el tintero al presidente, están su compromiso para apoyar e impulsar proyectos de ley para luchar contra la corrupción o promover la transparencia en el estado. O un apoyo decidido a los proyectos de ley que ha presentado el diputado Bloise para iniciar la tan necesitada reforma al sistema educativo nacional. No tenemos tiempo para politiquear en ninguno de estos dos temas, aunque sea un tema álgido y que a muchos “les huela feo”.
Sobre el tema de la lucha al narcotráfico, él sabe que a estos se les combate no solo con armas; alrededor del mundo lo que más ha tenido éxito es la investigación de compañías que se prestan para servir de testaferros de los dueños del negocio. Ahí es donde se debe empezar, aunque se pisen callos. Se sabe que tienen infiltrada varias instituciones, que les permite trabajar como si estuvieran en la sala de su casa. Hasta se habla de una bancada del narcotráfico y que hay privilegiados que tienen el negocito millonario de preñar contenedores en Colón con la complicidad de autoridades a todos los niveles, así como de los estamentos policiales. No podemos dejar solo al presidente en este tema.
El mandatario de todos los panameños destacó que “somos un gran país” y en eso estamos de acuerdo, pero tenemos una sociedad dañada a un gran nivel. Se debe promover el cambio de actitud de los funcionarios. Que entiendan que no son dueños de los puestos, son servidores públicos. Hay que mejorar la atención al ciudadano en instituciones como el Ifarhu, Policía Nacional, CSS y Minsa para solo mencionar algunos. ¿Por qué se si puede tener un buen servicio en el Tribunal Electoral y en Pasaportes y en el Ifarhu ¿no? Los cambios no solo hay que quererlos sino tener la voluntad para implementarlos.