Los escritores y el poder del libro

Deposit Photos
  • 20/04/2026 00:00

Este próximo jueves 23 de abril de 2026, se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor declarado por La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La nota de prensa señala que: “Cada año, (...) la UNESCO y las organizaciones internacionales que representan a los principales sectores de la industria del libro (editores, libreros y bibliotecas) seleccionan una Capital Mundial del Libro. Las ciudades seleccionadas promueven los libros y la lectura para todos los grupos de edad y en toda la sociedad, tanto en el país anfitrión como fuera de él”. Este año fue seleccionada la ciudad de Rabat, Marruecos y con el eslogan de “El poder del libro”.

Por esas coincidencias de la vida, tres grandes escritores de la literatura mundial fallecieron entre el 22 y 23 de abril de 1616: Miguel de Cervantes Saavedra (22 de abril) y William Shakespeare y el escritor Gómez Suárez de Figueroa, mejor conocido como el Inca Garcilaso de la Vega (23 de abril). UNESCO señala que varios otros escritores de significativa importancia fallecieron o nacieron durante el mes de abril entre los que reconocen al escritor colombiano de poesía y cuentos Manuel Mejía Vallejo; el galardonado novelista francés Maurice Druon; El catalán Josep Pla, escritor y periodista y el metalingüístico Vladimir Nabokov poeta cuentista y novelista ruso. Y por nada del mundo podemos dejar a un lado a Gabriel García Márquez quien falleció el 17 de abril de 2014.

El 25 de abril en Panamá, en el natalicio del nuestro insigne autor nacional Rogelio Sinán (1902-1904), celebramos el Día de la Escritora y el Escritor Panameño. De vez en cuando me refiero a los retos de nuestros escritores y autores que, en gran medida, han tenido que forjar un camino de reconocimiento y apreciación de sus aportes, por encima de una existente indolencia y a veces hasta desprecio por su trabajo creativo, por un enfermizo enfoque en lo banal.

Se acentúan mis dudas y preocupaciones sobre la honestidad de muchas publicaciones y el pudor de algunos “escritores” que en los últimos años se han valido de la Inteligencia Artificial -IA- para publicar libros con el fin de ocupar espacios a las que no podrían aspirar.

La pureza de la creación literaria, las teorías o planteamientos filosóficos o la investigación científica llevada a los libros por el esfuerzo profundo e intelectual, ocupan espacios superiores a cualquier publicación que sencillamente dependió de una serie de preguntas y seguimientos en un intercambio con la IA. Tengo confianza en que el desarrollo tecnológico dentro de poco tiempo nos brindará la oportunidad de identificar las obras que fueron un esfuerzo creativo real y profundo de sus autores a diferencia de los que son creados con Inteligencia Artificial.

Esta celebración global a pesar de la bajeza de algunos personajes mundiales, las guerras, la desinformación y la incertidumbre, la humanidad debe regocijarse por lo que ha alcanzado culturalmente y en su creación literaria porque hay pocos vehículos tan importantes y valiosos como el libro. Estos proponen un entendimiento sobre las culturas, los conocimientos y las experiencias que nos comparten sus autores. Unen el pasado con el presente; vínculo que trabaja afanosamente por garantizar un futuro en donde todos nos podamos encontrar sobre el mismo terreno si se aprovecha a lo largo y ancho de la sociedad,

Reflexionando sobre su oficio desde diferentes perspectivas, la escritora argentina Silvia Zuleta Romano en su blog “La guarida de ficción” escribió en el 2019 que: “El escritor deambula en la bruma. Solo y con pocas certezas. Excepto una. Que solo la incertidumbre manda. Y que, la mayoría de las veces, el azar tiene una fuerza que no tiene la lógica”.

Desde la designación de Madrid, España como la primera Capital Mundial del Libro en el año 2001, cientos, sino miles de extraordinarios libros han visto la luz como testimonio de la creatividad e investigación de los escritores. El libro es la huella que dejan, pensando que tal vez, este tiempo del siglo XXI, esas huellas son más sólidas y confiables. Que la imaginación, aunque deambula entre la bruma de la duda, la inexactitud, el dolor, la pérdida, la miseria, la esperanza o la felicidad, deje claro los escenarios para señalar el camino hacia el infinito. Para que desde sus páginas se pueda reconstruir los triunfos de la especie... En su poesía, sus novelas, biografías, ensayos, cuentos, teatro o investigaci0nes. Los libros son el espejo en donde los del futuro deben asomarse, llorar o sonreír y seguir marcando el camino. No importa las amenazas o los retos tecnológicos, los investigadores del futuro sabrán distinguir entre los farsantes y los que se sumergen en el imaginario de la incertidumbre.