Los movimientos sociales y la economía extractivista

  • 16/10/2026 00:00

Estas líneas buscan crear conciencia entre las masas vulnerables de la sociedad. Y es preciso recordar que el control social es ejercido por grupos minoritarios. Quizás, uno de los puntos más afectados por estas afrentas a la libertad es el sesgo de posturas críticas. Esas que defienden el derecho a mirar un país distinto.

A un lado quedaron, el observar las gaviotas o el silbido de los saltamontes. Hoy en día, discutir posibles amenazas a la naturaleza es un tema llevado al plano del capital. Velar por el bienestar de todos, de un día a otro, pasó de informes extensos a jornadas nocturnas en que la selva es convertida en muros. Estas decisiones extractivistas ponen en primer plano los intereses de una empresa o una planilla por encima de la letra de miles de mártires. El dialogar sobre la defensa de la seguridad hídrica es un asunto discutido con una faja de promesas.

Caminan con esfuerzo en este proceso los movimientos sociales. Mucho de estos grupos sociales defienden el sentir del colectivo. Pero en el mundo de la inteligencia artificial y los viajes espaciales agotar los recursos parece la consigna. En medio de esta vorágine de argumentos, a los países subdesarrollados, migajas se les ofrece, por explotar sus recursos. Esta alma seguirá, desde la oratoria, alimentando la postura crítica. Hoy, como nación, debemos mirar el horizonte y defender la tierra de nuestros pueblos. Cerrar caminos es una actitud humana, pero la verdad borra toda oscuridad.

Finalmente, los movimientos sociales, en medio de la crisis social, deben buscar incentivos con discursos conciliadores. Quizás las revueltas ya no sean efectivas por las células insertas del poder en las luchas nacionalistas. Este discurso conciliador de los gremios sindicales debe atraer, con hechos y jurisprudencia, menos intereses de unos pocos. Se deben buscar las armas perfectas para vencer la oscuridad de una sociedad inundada por los vacíos de los subsidios.

Los intereses de unos pocos desbordan los veleros de esperanza. Es un juego entre el gato y el ratón cerca del cerro Ancón. Y una malgama de colores que se distorsiona al observar las rocas pulverizadas por la acción humana. En efecto, la salud y la ocupación de tierras de todos deben ser una prioridad. Estas afrentas, que tiñen los sembradíos de naranjas y fragmentan la piedra de jabón, serán constantes. Mi tierra istmeña aún recuerda, con perseverancia, las colinas que tocaban la bóveda celeste.