Los productores sí tienen quien les escriba

Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
  • 22/10/2026 00:00

Pudiera ser un símil o una metáfora. No sé. Ya la he utilizado en otros escritos. Estoy empleando esta figura retórica acerca de una novela del “Gabo” de Macondo, Gabriel García Márquez, titulada: El coronel no tiene quién le escriba. Su trama principal se basa en la historia de “un anciano coronel retirado (veterano de la Guerra de los Mil Días), que vive en la pobreza extrema en un pueblo costero de Colombia y lleva 15 años yendo cada viernes al correo, esperando la carta del gobierno que le apruebe su pensión de veterano, recibiendo la respuesta del cartero que resulta ser siempre la misma: al coronel nadie le escribe y su única expectativa económica es un gallo de pelea, cifrando esperanzas que pueda ganar una pelea y aliviar las penurias económicas”.

Quizás sea un exabrupto u osadía, intentar hacer una comparación o paralelismo sobre temas aparentemente diametralmente opuestos, pero que en el desarrollo de los argumentos esgrimidos relacionados con los recientes sucesos ocurridos en la nación —terremoto, sismo o temblor— observaremos ciertas similitudes y algún razonamiento fundado con aquella historia del coronel frustrado.

Repaso la película como una cámara fotográfica y me viene a la mente —ahora sería la pantalla táctil, digital de un celular, tableta o cualquier dispositivo Android— las escenas de paredes derrumbadas, casas destruidas, techos y hojas de zinc o paredes de quincha diseminados por doquier; restos de bloques, concreto, vehículos aplastados, estropicio por todos lados, vías de acceso incomunicadas, rajaduras y grietas en calles y terrenos. Personas sin hogar, refugiados en carpas improvisadas o en familias cercanas, pernoctando algunas veces en el suelo húmedo. En fin, un cuadro dramático, desolador y desgarrador.

Así se pudiera retratar y reflejar, parte resumida del dolor y tragedia en el interior del país, donde tuvo mayor impacto el movimiento telúrico y repercusiones conocidas. Aparte, destrozos materiales ocasionados por el sismo, así como también los cultivos, la producción de alimentos.

Es aquí donde nuestros productores sí tienen quien les escriba, pues desde el más humilde campesino con su “tierrita” para sembrar y aportar al consumo familiar, todos hombres esforzados del campo, utilizando su sombrero “a la pedrá”, botas o cutarras, el cole, hasta el mediano o gran productor con cierta tecnología, sin excepción, han sufrido, los embates de la naturaleza.

No se trata de idealizar la labor de nuestro hombre del campo, ni romanticismo o entelequias, sino la manera que están reconstruyéndose viviendas, reparando vías de acceso, dando aporte solidario y ayuda, de la misma forma hay que ir cuantificando daños en parcelas de producción en campo, cuanta superficie de siembra y cosecha han sido afectadas, intrusión salina en áreas sembradas y efectos en cultivos; calcular y estimar rangos de disminución de rendimientos, comprobar y verificar estado de infraestructura y canales de riego, niveles de riesgo con las galeras de ordeño, recuperar la actividad pecuaria: caso leche, carne, avícola, especies menores.

Se debe actuar —las autoridades del sector han iniciado esa labor—y en correspondencia preparando acciones inmediatas. Experiencia de otros países, realizando las investigaciones sobre estos tópicos y la relación temblor —suelo—cultivos, nos puede servir de guía y orientación, pero la intensidad, réplicas y realidades nunca serán iguales.

Aplicar nuestro propio conocimiento, experiencia y aprendizaje, en semejantes dos programas televisivos, populares sabatinos, vernaculares, de folclor y campo, asumiendo nuestras auténticas vivencias. De lo que se trata es de ninguna manera ser xenófobo, sino analizar las propias características y enseñanzas que está dejando el terremoto—pues no han concluido—y sus secuelas permanecen y continuarán. Allí ilustra Isla Cañas con la división de tierra y el ingreso de las aguas del mar y otra índole.

Observando evaluaciones y análisis en varias partes del mundo que están siendo comprobadas por nuestros técnicos nacionales, un sismo de gran magnitud puede alterar y modificar profundamente la estructura física, química y biológica de las raíces, microbiota y fertilidad de suelos, no solo edificaciones en la superficie o viviendas.

Investigaciones recientes indican que la licuación del suelo, capas y pérdidas de horizontes con una calicata “ocurre cuando se aplican vibraciones intensas a suelos saturados y sueltos donde el agua entre partículas aumenta la presión y convierte el suelo solido en fluido. Este fenómeno puede provocar hundimientos, boquetes y mezcla de la capa fértil con sedimentos pobres, alterando la composición del suelo.” Como punto de referencia, aunque son otras latitudes, hacemos alusión a un estudio de 2019 publicado en Corea del Sur por la revista Korean Journal of Soil Science ad Fertilizar que expone arrozales afectados por un terremoto y documentaron perdidas de nitrógeno, fósforo y materia orgánica disponibles.

Basándonos en informaciones nacionales e internacionales, es necesario realizar un análisis de estratigrafía y química de los suelos de esas áreas, aplicar enmiendas con compost para restaurar pH y nutrientes, prácticas de conservación de suelo, efectuar ensayos en parcelas testigo (esto es a largo plazo). Existen otras medidas a corto, mediano y de largo alcance.

Entonces, haciendo alusión al coronel, esperando su pensión, nuestros productores están tomando acciones, prosiguiendo las tareas, muchos les escriben, ejemplos de solidaridad, entereza y valentía, emulando y aspirando a mejores días.

* El autor es ingeniero agrónomo