Luis Horacio Moreno Tejeira, un hombre excepcional

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  • 14/04/2026 00:00

La partida de Luis Horacio Moreno Tejeira II, no solo cierra una larga vida de compromiso, ética y éxitos en los distintos roles de su existencia, sino que obliga, más bien, a preguntarnos qué tipo de país representaba y qué tanto de ese país sigue en pie.

Porque don “Lucho” Moreno no fue únicamente un banquero respetado. Fue, sobre todo, un hombre de principios en un tiempo que muchas veces premia lo contrario y eso actualmente en nuestra sociedad es una clave. Fue un referente moral y ético, como pocos en el país.

Una de sus mayores valías no fueron los cargos que ocupó —aunque fueron muchos y relevantes— ni los reconocimientos recibidos —incluida la Orden Manuel Amador Guerrero—, sino la idea que sostuvo durante toda su vida: que el desarrollo sin ética no es desarrollo.

La ética como práctica, no como discurso, fue una de sus premisas al momento de actuar. Para él, no era un tema de conferencias ni de documentos institucionales; era una forma concreta de vivir todos los días: en los negocios, en la política y en su trato cotidiano.

Fue un hombre que demostró el civismo como una etiqueta de responsabilidad individual. No esperaba que el país cambiara desde arriba. Apostaba a la formación de ciudadanos. Por eso creó la Fundación Panameña de Ética y Civismo, porque entendía que ninguna institución es más fuerte que la cultura cívica que la sostiene. Igualmente, fue un líder dentro del movimiento rotario, donde presidió los clubes de David y de Panamá.

Su liderazgo siempre estuvo al servicio de quienes lo necesitaron. En su visión, no se trata de liderar para acumular poder, sino para asumir responsabilidades. Su impacto en otros fue notable, dejando una gran huella imborrable en muchos de nosotros.

Representó a Panamá ante organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional. Asumió la gerencia general y la presidencia del Chase Manhattan Bank, lo cual generó un precedente importante para la banca al ser el primer panameño en asumir tan alto cargo.

Siempre mantuvo su vínculo con su tierra y con su gente. Como ingeniero agrónomo, poseía una visión económica que entendía que el país real también está en el campo, en el productor y en el esfuerzo silencioso que no siempre aparece en las estadísticas.

Podría escribir cinco columnas sobre la vida y las cualidades de Luis Horacio Moreno Tejeira y, aun así, sentir que no es suficiente. Porque mi admirado don Lucho no fue un hombre común; fue de esos pocos que logran algo más difícil que el éxito: el respeto y la admiración de todo un país.

Un hombre probo, profundamente panameño, con una combinación poco frecuente de claridad, carácter, amor por su tierra y coherencia. Uno de esos que no necesitaban alzar la voz para dejar huella, porque su autoridad nacía de su ejemplo.

Fue, sin duda, uno de esos líderes excepcionales que nuestra sociedad va a extrañar. No solo por lo que hizo, sino por lo que representa.

¡Buen viaje, don Lucho...!

* La autora es ciudadana panameña