‘Magnifica humanitas’ de León XIV: ‘Rerum Novarum’ del siglo XXI

Imagen tomada de Wikipedia
  • 15/06/2026 00:00

En mayo de 1891, el Papa León XIII publicó “Rerum Novarum”, un documento que, aunque nacido del seno de la Iglesia, reconfiguró la arquitectura de la economía política de finales del siglo XIX, pues fue una intervención política que obligó a los gobiernos, sindicatos y potencias industriales a replantearse la legitimidad del contrato social frente al capital y el trabajo.

Hoy, transcurridos ciento treinta y cinco años, el pontificado de León XIV presenta “Magnifica Humanitas” bajo una premisa histórica análoga: la necesidad de un nuevo marco de gobernanza global para un orden internacional que ya no es puramente industrial, sino digital y multipolar.

La importancia geopolítica de “Magnifica Humanitas” radica en su capacidad para identificar que estamos ante un cambio de época donde el poder se ha desplazado de las fábricas a la inteligencia artificial. Así como León XIII leyó las grietas de la Revolución Industrial para proponer un equilibrio entre lo privado, lo público y lo social, León XIV lee las asimetrías de la Revolución Digital para advertir sobre el surgimiento de un poder tecnológico que opera por encima de las fronteras nacionales. Esta encíclica debe leerse, por tanto, como una hoja de ruta para las relaciones internacionales y la economía política internacional del siglo XXI, proyectando la influencia de la Santa Sede en la comunidad internacional.

Desde una perspectiva de economía política, el texto plantea una crítica profunda a la concentración de poder en manos de corporaciones transnacionales que amenazan la soberanía de los Estados y la autonomía de las personas. La encíclica utiliza la “metáfora de Babel” para ilustrar la tentación contemporánea de construir un sistema global cerrado, unificado por un lenguaje que ignora las particularidades culturales y la justicia social, frente a una reconstrucción paciente del tejido internacional basada en la responsabilidad y el bien común. En este sentido, el Papa posiciona a la Iglesia como un actor diplomático que observa y propone límites morales a la expansión de un mercado de datos que tiende a la uniformidad deshumanizante.

El análisis de León XIV sobre el impacto internacional es nítido al abordar la crisis del multilateralismo. La encíclica reconoce que el orden mundial actual se encuentra en un estado de fragilidad, donde las instituciones internacionales tradicionales pierden fuerza frente a intereses fragmentados y una “normalización de la guerra”. Al vincular la inteligencia artificial con la industria armamentista y la cultura del poder, el Papa eleva la discusión al ámbito de la ética computacional y la alta política de seguridad internacional. Su llamado a favor de instrumentos normativos globales adecuados es una exigencia de justicia internacional para contener los efectos distorsionadores de una tecnología que profundizará las brechas entre el “norte y el sur global”.

En esta nueva gramática de las relaciones internacionales, la encíclica rehabilita los principios de subsidiariedad y solidaridad como herramientas geopolíticas. Para León XIV, la economía política internacional debe orientarse hacia el destino universal de los bienes, -incluyendo conocimiento y acceso a la tecnología-, y hacia la protección de las “sociedades intermedias”.

El riesgo, advierte, es un nuevo tipo de “comunismo intelectual”, -como yo lo califico-, que bajo una apariencia de gratuidad y conectividad, erosiona la libertad individual y mercantiliza la privacidad, frente al que se propone una “diplomacia de la persona”, donde el valor del trabajo humano y la verdad informativa son bienes comunes que deben ser protegidos ante la manipulación y la desinformación woke que hoy desgastan las democracias.

La trascendencia de esta obra para la comunidad internacional es significativa pues, -al enfocarse en la “custodia de la persona humana”-, el Papa apela a un lenguaje, de derecho natural y ética de la responsabilidad, que puede ser compartido por culturas y sistemas políticos en un mundo multipolar. Es una propuesta de coexistencia pacífica frente a la “intransigencia identitaria” y el nacionalismo excluyente. La encíclica sugiere que el diálogo intercultural es la vía para evitar que la transición digital se convierta en un instrumento de control social o de neocolonialismo tecnológico. Es un manifiesto por una globalización con rostro humano, en la que el progreso se mida por la integración.

Para Panamá, esta encíclica tiene una relevancia estratégica inmediata. Como nación que sirve de puente logístico, financiero y tecnológico del mundo, nuestro país no puede ser un espectador pasivo de estas transformaciones. El llamado de León XIV, a una “ecología de la comunicación” y a una justicia social en entornos digitales, es una invitación al gobierno y a la ciudadanía panameña a liderar debates sobre transparencia algorítmica y educación para la libertad. En un entorno donde nuestra economía depende de la confianza y la conectividad, la integridad de nuestras instituciones, frente a las nuevas formas de poder transnacional, es vital.

“Magnifica Humanitas” nos recuerda que la técnica debe tomar el rostro de la justicia. Panamá tiene la oportunidad de reflejar este espíritu, promoviendo políticas que aseguren que la modernización no deje a nadie en la cuneta del desempleo tecnológico y que el desarrollo de nuestras plataformas sirva para unir y no para vigilar. Al igual que León XIII ayudó a humanizar el siglo XX, León XIV nos ofrece hoy la brújula para navegar el XXI, recordándonos que el destino de las naciones, -incluida la nuestra-, depende de nuestra capacidad para elegir la reconstrucción de la dignidad humana sobre la arrogancia de la técnica sin alma.

* El autor es excanciller de la República de Panamá