Mapa de riesgo sísmico, una necesidad o lujo
- 16/08/2026 00:00
¿Está Panamá preparada para conocer y afrontar las consecuencias de un sismo, terremoto..., a través de una buena planificación? Estoy seguro de que, estimado lector, que ha escuchado expresiones como: Panamá, tierra bendita por Dios, o inclusive, Dios es panameño, utilizadas con frecuencia para referirse a los fenómenos naturales que históricamente han afectado a nuestro país. Aunque estos modismos forman parte de nuestra cultura popular, pueden generar una sensación de seguridad y tranquilidad que no siempre se corresponde con la realidad.
Si bien es cierto que Panamá ha experimentado, en comparación con otros países, una menor incidencia de terremotos catastróficos, ello no significa que estemos exentos de esta amenaza. Por el contrario, la aparente tranquilidad podría conducir a una peligrosa complacencia respecto a la preparación y mitigación de los efectos de un evento sísmico de magnitud considerable.
Los registros históricos demuestran que nuestro país ha sido escenario de terremotos, entre ellos los ocurridos en los años de 1621, 1882, 1913, 1934, 2003, además de otros de magnitudes significativas. Estos antecedentes evidencian que la actividad sísmica forma parte de la dinámica geológica del territorio nacional y que sus efectos deben ser considerados con el debido rigor científico y técnico.
Estos procesos geofísicos se caracterizan por la liberación de energía por la confrontación, roce o movimientos de las placas tectónicas en la dimensión de las fallas geológicas. La intensidad del movimiento del terreno depende de múltiples factores, entre ellos la magnitud, la profundidad, la distancia al epicentro y las características geológicas de subsuelo.
En materia de seguridad estructural, Panamá dispone del Reglamento Estructural Panameño (REP-2021), aprobado por la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura, mediante la Resolución JTIA 020-2022 de 22 de junio 2022, publicado en Gaceta Oficial No. 29594-A del 5 de agosto de 2022, de obligatorio cumplimiento en todo el territorio nacional. Esta revisión reglamentaria incorpora criterios modernos de diseño para la reducción de la vulnerabilidad de las edificaciones, ratificando y ampliando el Criterio por Desempeño, entre otros aspectos.
Asimismo, el país cuenta con la política Nacional de Gestión Integral del Riesgo de Desastres y el Marco Nacional de Recuperación Post-Desastre 2022-2030, instrumentos que orientan las acciones de preparación, respuesta y recuperación bajo la responsabilidad del Sistema Nacional de Protección Civil junto con el Centro de Operaciones de Emergencia y el Gabinete de Gestión Integral de Riesgo a Desastres. No obstante, la existencia de normativas en la construcción y de políticas públicas no sustituye la necesidad de contar con herramientas técnicas que permitan identificar científicamente, las áreas donde un terremoto podría ocasionar mayores consecuencias sobre la población, infraestructura y los servicios locales.
En este contexto, resulta impostergable impulsar la elaboración de un mapa de riesgo sísmico, que no solo incorpore la amenaza sísmica como componente, sino que también integre la exposición y vulnerabilidad de elementos del territorio para proyectar las posibles consecuencias derivadas de las fallas geológicas. Esta herramienta permitirá identificar las zonas donde un mismo nivel de aceleración del terreno podría generar consecuencias significativas diferentes, dependiendo de la calidad constructiva, la densidad poblacional y la capacidad de respuesta institucional. De esta manera, podríamos establecer las políticas y acciones requeridas para disminución de los niveles de pérdidas humanas, económicas y funcionales.
Es llamativo que, pese a su importancia estratégica, Panamá aún no disponga de un mapa de riesgo sísmico, elaborado con criterios científicos e institucionalmente adoptados. Igualmente, no existe entidad pública con un mandato específico para el desarrollo de este instrumento de manera integral y permanente.
La Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos, organismo cuyos fines, sirve como cuerpo consultivo del gobierno central en materia técnica, estamos seguro de que, cuenta con profesionales idóneos, especialistas del país en todos los campos, incluyendo en este tipo de actividad, capaces de liderar una iniciativa de esta naturaleza en coordinación, con la academia y los centros de investigación.
En cuanto al financiamiento, el país dispone de entidades que fortalezcan, apoyen y promuevan el desarrollo científico y tecnológico, las cuales podrían respaldar un proyecto de esta magnitud, cuyos beneficios trascenderían ampliamente su costo y contribuirían a fortalecer la resiliencia nacional.
Panamá es un país que surge por la emersión de un arco de islas volcánicas y sirve de puente entre América del Norte y América del Sur. Esa condición exige que la planificación del desarrollo urbano y de la infraestructura se sustente en el mejor conocimiento científico posible. La tecnología necesaria para elaborar mapas modernos de riesgo sísmico existe y es utilizada desde hace años en diferentes países, naciones vecinas como Costa Rica y Colombia ya cuentan con herramientas de este tipo para orientar sus políticas de desarrollo, protección civil y ordenamiento territorial.
Finalmente, pero no menos importante, Panamá ha sido referente en la región por el desarrollo de su infraestructura y por su capacidad técnica. Dar el siguiente paso mediante la elaboración de un mapa de riesgo sísmico no debe verse como un desafío científico, sino como una inversión estratégica para la protección de vidas, garantizando un desarrollo más seguro para las futuras generaciones.